Un gas tóxico puede estar contaminando el agua de grifo

La lucha por la preservación del medio ambiente y la búsqueda de soluciones para combatir los problemas ambientales han llevado a la introducción de gases que, aunque beneficiosos en algunos aspectos, pueden resultar perjudiciales en otros. Un gas que se utiliza para prevenir el crecimiento del agujero de la capa de ozono está generando otro efecto ambiental adverso e imprevisto: la generación de un contaminante tóxico en la atmósfera que puede afectar a la salud humana. Este contaminante puede llegar a estar presente en el agua de grifo después de precipitarse al suelo con la lluvia.

Las entidades que luchan contra el excesivo uso de sustancias químicas han pedido al Gobierno que suprima el gas que produce ácido trifluoroacético (TFA) y que se busquen alternativas naturales e inocuas. El gas en cuestión son las hidrofluoroolefinas (HFO), que pueden generar sustancias tóxicas.

La organización Hogar sin Tóxicos, en colaboración con la European Environmental Bureau (EEB), ha solicitado al Ministerio de Transición Ecológica que impulse la eliminación del uso de una serie de gases fluorados, como las HFO. Según Carlos de Prada, responsable de Hogar sin Tóxicos, estos gases están generando «un preocupante aumento global de las concentraciones de un contaminante tóxico y muy persistente, el ácido trifluoroacético (TFA)».

Las investigaciones muestran que los niveles de concentración de TFA están creciendo espectacularmente en todo el planeta, incluso en las regiones más remotas. Los científicos consideran que su presencia generalizada en el medio ambiente, su persistencia y su capacidad de desplazarse a grandes distancias, «implican una mayor probabilidad de efectos perjudiciales generalizados y duraderos» y «representan una amenaza potencial para la salud humana y ambiental».

Uno de los gases fluorados que se considera en gran parte responsable de este problema es el refrigerante HFO-1234yf, que se descompone al 100% en TFA y que se utiliza ampliamente en los aparatos de aire acondicionado de los automóviles, pero también en aparatos fijos. Ciertos gases fluorados, utilizados en refrigeradores de centros comerciales o en el aire acondicionado, pueden liberarse en la atmósfera y originar estos problemas. Otras fuentes posibles de emisión de estos gases son los aerosoles, los propelentes, los agentes espumantes y la degradación de algunos pesticidas.

Hogar sin Tóxicos también ha pedido que España apoye ante la Comisión Europea la inclusión de los gases fluorados problemáticos dentro de la proyectada restricción de los PFAS o ‘contaminantes eternos’, un grupo de sustancias de larguísima persistencia en el medio al que pertenece el TFA.

Además, para poder conocer el grado de contaminación con TFA existente en España, Hogar sin Tóxicos demanda que se promueva la monitorización de la presencia de este contaminante persistente en el medio ambiente y en la población. Según Carlos de Prada, «se trata de algo que podría afectar directamente a las aguas del grifo, ya que el TFA es de muy difícil eliminación por los sistemas de tratamiento de aguas de abastecimiento urbano».

En Alemania, la Agencia Europea de Productos Químicos (ECHA) ha propuesto que el TFA sea clasificado como tóxico reproductivo. Mientras tanto, las autoridades del Reino Unido consideran que es «una sustancia preocupante, ya que hay indicios de que podría causar toxicidad para el desarrollo».

Según Carlos de Prada, la solución a este problema es recurrir al uso de gases naturales refrigerantes que ya han demostrado ser alternativas factibles, tal como apuntan la Agencia Europea de Productos Químicos (ECHA) y diferentes entidades científicas. Entre las alternativas se cuentan el amoniaco, hidrocarburos y dióxido de carbono.

Las concentraciones de TFA han crecido espectacularmente incluso en los remotos hielos del Ártico canadiense, muy lejos de los lugares poblados desde donde pueden ser liberados los gases fluorados. Los datos revelan que hay ahora 10 veces más TFA en los núcleos de hielo que en 1987. Otro estudio realizado sobre arroyos de California y de Alaska muestra que las concentraciones aumentaron 6 veces de media entre 1998 y 2021.

La Agencia Alemana de Medio Ambiente, que considera esta sustancia como «peligrosa en el agua», registró un aumento de TFA de entre 3 y 5 veces en el agua de lluvia entre 1997 y 2019. En cinco lagos urbanos en Beijing (China), se vio que en tan solo 10 años (entre 2002 y 2012) las concentraciones de TFA habían subido 17 veces.

Los TFA del agua pueden ser absorbidos por las plantas y concentrarse en ellas, de modo que pueden ser incorporados en la cadena alimentaria. El TFA ha sido encontrado de forma generalizada en los árboles centroeuropeos, con un incremento de concentración de hasta 5 veces más entre principios de la década de 1990 y 2019.

Ha sido detectado también en el polvo y agua potable de hogares y en los seres humanos, en países como Estados Unidos o China. Estos hallazgos ponen de manifiesto la necesidad de tomar medidas inmediatas para frenar la expansión de este contaminante tóxico y buscar alternativas más seguras y sostenibles para el medio ambiente.