Francia y Alemania han alcanzado un entendimiento para desbloquear el debate sobre la flexibilización de las normas europeas que planteaban el final de los motores de combustión en 2035. El acuerdo entre el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz, combina una mayor apertura tecnológica para los fabricantes con más protección para la industria comunitaria frente a la competencia de China.

Más flexibilidad y protección para la industria europea

Hasta ahora, los dos gobiernos mantenían posiciones enfrentadas. Alemania defendía normas más flexibles para las empresas automovilísticas, pero rechazaba las condiciones del ‘Buy European’ promovido por Macron. Esta iniciativa busca priorizar la producción europea en sectores estratégicos, como el automóvil, ante la competencia china.

Francia, por su parte, integraba una minoría de siete países —entre ellos España— que bloqueaba las aspiraciones alemanas de rebajar de forma significativa la regulación sobre los vehículos de combustión.

Con el pacto, Macron acepta dejar de oponerse a una flexibilización de los límites aplicables a las flotas de automóviles. A cambio, Merz respalda la demanda francesa de reforzar la protección de la industria del automóvil en Europa frente a Pekín. El propósito es garantizar en mayor medida que los fondos públicos europeos beneficien a fabricantes y componentes producidos en la UE, además de preservar el empleo del sector.

Alemania se había mostrado contraria a unas exigencias que consideraba excesivamente proteccionistas. Desde el Gobierno alemán resumen su posición de este modo: «No decidamos hoy que dentro de diez años solamente puede existir una tecnología. Dejemos que convivan el eléctrico, el híbrido, los combustibles sintéticos, etc.».

España mantiene su defensa del objetivo de cero emisiones

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha rechazado que la Unión Europea abandone la meta de cero emisiones en 2035. En diciembre de 2025 remitió una carta a Ursula von der Leyen en la que solicitaba mantener ese objetivo y se oponía expresamente a que los vehículos de combustión siguieran comercializándose después de esa fecha.

En junio de 2026, España volvió a alinearse con Dinamarca, Francia, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal y Suecia para reclamar que no se redujeran las exigencias de CO₂.

El impacto para las fábricas españolas

La industria alemana, afectada por la transición hacia el vehículo eléctrico, ha trasladado a España que también es uno de los principales fabricantes europeos de automóviles y que podría perder mucho si esa transformación se produce de forma precipitada.

El reciente anuncio del Grupo Volkswagen, que no garantiza la continuidad de la marca Seat más allá de 2029, ha puesto de relieve este riesgo. La compañía ha señalado que el coste de electrificar Seat y las inversiones requeridas no justifican el lanzamiento de nuevos productos para la marca, cuyos vehículos dejarán de figurar en el catálogo a partir de 2030.

La eventual autorización de la UE, favorecida por el entendimiento franco-alemán, para que las fábricas españolas no abandonen de forma inmediata la producción de vehículos de combustión podría ser relevante para Martorell, los proveedores nacionales y el empleo industrial. Esta posibilidad permitiría prolongar el uso de las instalaciones y cadenas de suministro existentes mientras se desarrolla la nueva industria eléctrica.

Un acuerdo pendiente de concreción

El pacto entre París y Berlín favorecería además a los fabricantes que producen en Europa y representa una esperanza para el sector español. España cuenta con una potente industria automovilística, pero necesita que las inversiones en baterías, componentes, vehículos eléctricos y software permanezcan en Europa.

Sin embargo, España ha realizado importantes inversiones para prepararse para el coche eléctrico. Si la UE transmite ahora una señal en sentido contrario, el país podría perder esa ventaja competitiva. Al mismo tiempo, China continuará avanzando a gran velocidad en la electrificación, lo que supone un riesgo estratégico mayor para Europa.

Por el momento, el entendimiento germano-francés constituye un primer paso para aproximar posiciones en un asunto que continúa bloqueado en el núcleo de Europa. La Comisión de Transportes de la Comisión Europea tenía prevista para este lunes una votación decisiva sobre la norma, pero ha sido aplazada a los próximos meses. Además, tres comisiones del Parlamento Europeo deben fijar todavía su posición antes de que el texto definitivo llegue al pleno de la Eurocámara.

El diputado de la CDU Jens Gieseke considera que esta «solución cruzada» entre París y Berlín puede «ayudar». El eurodiputado socialdemócrata Tiemo Wölken también la valora positivamente: «Un acuerdo ayuda si construye un puente hacia la protección del empleo en la UE».

Las alternativas para el objetivo de CO₂ en 2035

Aún queda por conocer un elemento relevante del acuerdo entre Merz y Macron. La Comisión Europea plantea reducir del 100% al 90%, respecto a 2021, el objetivo de reducción de CO₂ para los coches nuevos en 2035. Esa rebaja se compensaría mediante el uso de acero verde en los vehículos y combustibles renovables para los motores de combustión.

Otra posibilidad sería fijar una reducción del 80% sin compensaciones, o incluso aplicar un recorte más profundo. El relator del expediente, el eurodiputado italiano del PPE Massimiliano Salini, defiende, por ejemplo, un objetivo del 73%.