La zona de llegadas de la puerta 10 de la Terminal 4 del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas mantenía una actividad habitual a primera hora de la mañana. Decenas de personas aguardaban la llegada de familiares y amigos para iniciar las vacaciones, entre abrazos, aplausos y algún vuelo con retraso.
La escena transcurría sin que aparentemente se percibiera la decisión anunciada por el Gobierno la noche anterior: el restablecimiento temporal de controles en las fronteras interiores de puertos y aeropuertos para vuelos procedentes de Italia. La medida respondía a las restricciones implantadas días antes por Giorgia Meloni tras la crisis migratoria en Ceuta.
Poco antes de las 11.00 horas, Elisa Fabbri y Lucca Sciroli, procedentes de Bolonia en un vuelo de Iberia, salieron por la puerta de llegadas. Ambos viajaban a Madrid para pasar una semana de vacaciones y tuvieron que esperar algo más de tiempo por una de sus maletas.
La pareja explica que recibió el primer aviso sobre el endurecimiento de las medidas fronterizas el viernes, cuando la aerolínea les comunicó que era «muy probable» que fueran sometidos a algún control al llegar a España. Ya a bordo, les informaron de que no podrían desembarcar sin mostrar el pasaporte.
Una vez en tierra, agentes de la Policía Nacional solicitaron a todos los viajeros del vuelo que sacaran el pasaporte y lo mantuvieran en la mano. Sin embargo, Elisa y Lucca aseguran que no se lo revisaron. «No lo comprobaron. Sólo querían ver si veníamos de Italia. No nos preguntaron nada, nos dijeron que siguiéramos hacia adelante», señalan.
Según su relato, el control tenía como finalidad hacer visible que existía una inspección y estaba motivado por la procedencia italiana del avión. Ambos consideran «ridículo» el enfrentamiento entre los dos gobiernos y las restricciones recíprocas en las fronteras. También creen que el Gobierno italiano se equivoca con sus afirmaciones sobre los inmigrantes y sostienen que se trata de una formación política que busca avanzar electoralmente.
La experiencia fue distinta para Leonardo y Felipe, padre e hijo argentinos que llegaron a Madrid desde Italia después de realizar un pequeño recorrido por Europa. Además de mostrar sus pasaportes, los agentes les preguntaron de dónde venían, cuál era su nacionalidad y cuándo regresarían. Ambos calificaron el trámite de rápido y lo describieron como un «control flojo».
