Miguel Noguera (Las Palmas, 1979), cómico y dibujante afincado en Barcelona, presentará su particular ‘Ultrashow’ el próximo 24 de octubre en la Fundación Mediterráneo, dentro de la programación del festival Murcia Sonríe. El artista lleva más de dos décadas defendiendo este formato, que se sitúa entre el monólogo, la conferencia y la pieza teatral.
Aunque la estructura del espectáculo apenas ha cambiado durante ese tiempo, su contenido siempre se renueva. La propuesta continúa despertando el interés de quienes buscan una comedia incómoda, absurda y alejada de los moldes convencionales, hasta el punto de que sus funciones siguen agotando localidades.
Un espectáculo construido a partir de ideas
En escena, Noguera encadena ideas e imágenes visuales aparentemente inconexas y las desarrolla con la intensidad de un telepredicador. Sus planteamientos pueden ser abstractos, desconcertantes o incómodos: desde un bar basado en la negación, en el que nunca se sirve nada, hasta ensayar un funeral o imaginar un gato con labios carnosos.
El cómico retuerce observaciones cotidianas y conceptos imaginarios hasta llevarlos al delirio. Para el público, seguir estas escenas requiere imaginación y cierto esfuerzo mental, aunque el resultado puede ser hilarante si se acepta el juego propuesto.
Su inagotable ‘Ultrashow’ le ha consolidado como un artista de culto y como uno de los principales referentes del llamado ‘posthumor’.
Sin texto memorizado, pero con una escaleta
Noguera explica que no sale al escenario con un guion aprendido, aunque sí utiliza un listado de ideas colocado en el atril. Son, en sus palabras, una especie de titulares que le sirven de guía. Esa relación entre la aparente improvisación y la presencia de un papel fue incluso objeto de un guiño en la película ‘Extraterrestre’, de Nacho Vigalondo, donde interpretó un pequeño personaje.
El artista define su rutina como muy ociosa y procura que su vida se parezca a “un eterno domingo”. Pasa muchas horas en cafeterías con el ordenador y el móvil, dibujando y revisando documentos de ideas, sin entender ese tiempo como una jornada de trabajo intensa y continuada.
Las ocurrencias pueden surgir de algo visto en internet o al caminar por la calle. Según cuenta, cuanto más se mueve y más acontecimientos hay a su alrededor, más probable es que algo atraiga su atención y lo anote. No obstante, asegura que no permanece especialmente vigilante, sino que necesita un clima mental tranquilo, con poca presión y preocupaciones. Para él, se trata en el fondo de una huida del trabajo, la profesionalidad y el esfuerzo.
La libertad como motor creativo
Noguera aclara que no se refiere a una tranquilidad contemplativa anterior a internet: utiliza mucho las redes sociales y se considera bastante adicto al móvil. Considera que tiene la suerte de vivir de las entradas de sus espectáculos y de poder pasar el resto de su tiempo en cafeterías, un lugar en el que se siente especialmente cómodo.
No se identifica con la idea de imponerse horarios estrictos ni con crear una ficción de concentración permanente. Para él, conseguir enlazar media hora de dibujo o avanzar en una presentación hasta que funcione se parece a intentar dormir: hay días en los que no se logra, pero finalmente se alcanza ese estado de fluidez.
Relaciona su forma de trabajar con la de un poeta, alguien que no se sienta necesariamente a escribir sin parar a las ocho de la mañana, sino que permanece en una disposición creativa constante hasta que aparece un verso. Le interesa que el trabajo no se desarrolle como una secuencia lineal y pone como ejemplo, con humor, la dificultad de imaginar a Maurice Blanchot preparando café para dar un último impulso a ‘Thomas el Oscuro’ antes de una entrega.
La selección de lo “ultrashowable”
A lo largo de su trayectoria ha acumulado miles de notas. Primero las apunta cronológicamente en el móvil, no solo como ideas, sino como reflexiones de distinta naturaleza. Después las traslada al ordenador y marca como “ultrashowable” aquello que intuye que disfrutará explicando o que puede hacer reír al público.
Así, solo necesita buscar esa etiqueta en el documento para recuperar materiales que, en ocasiones, anotó hace un año y apenas recuerda. Durante la representación, algunas ideas adquieren más volumen al incorporar elementos que no estaban en el origen o al mezclarse con otras que inicialmente no tenían relación. Esa evolución, señala, les proporciona mayor contundencia.
El artista reconoce que la ausencia de ideas nuevas puede resultarle angustiosa, especialmente al revisar las anotaciones de los últimos días y encontrar solo una propuesta aprovechable. En cambio, cuando aparecen tres o cuatro ideas con potencial que funcionan bien sobre el escenario, lo vive como una cosecha abundante. No lo atribuye a un esfuerzo deliberado, sino a una especie de don.
Lo que más le estimula es encontrar una idea con suficiente recorrido para sostener cinco minutos de espectáculo, con una historia compuesta por distintos momentos. Sin embargo, admite que eso ocurre pocas veces, ya que lo habitual es trabajar con ideas breves.
El recuerdo de su actuación en el SOS 4.8
La primera visita de Noguera a Murcia se produjo, según recuerda, en 2012, durante el festival SOS 4.8, en un cartel compartido con el trío de ‘Museo Coconut’ y Ojete Calor, que entonces comenzaba su andadura.
Aquella fue, afirma, la audiencia más grande ante la que ha actuado: más de mil personas. No presentó un ‘Ultrashow’ completo, sino un fragmento de unos quince minutos dentro de una programación compartida. Buena parte del público acudía principalmente por Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla.
Noguera percibió que parte de los asistentes estaba abiertamente en contra de su presencia, como si hubieran incluido en tercer lugar a alguien que no encajaba con los otros artistas. La experiencia le resultó algo hostil, tanto por la dimensión del auditorio como por saber que a algunos espectadores no les estaba gustando lo que hacía.
Habitualmente, explica, esa reacción no se manifiesta del mismo modo porque actúa en teatros donde el público permanece en silencio. No es el ambiente de un espectáculo de stand-up en un bar, donde los asistentes beben y existe una tradición de interpelar al cómico. Sí recibe testimonios de personas que acompañan a alguien que no conocía su trabajo y que no logra conectar con la propuesta, una reacción que considera completamente normal.
De la efervescencia del humor en internet al presente
Sobre la renovación humorística de aquellos años, marcada por propuestas como ‘La Hora Chanante’, Venga Monjas o su propio trabajo, Noguera destaca que entonces existía un mayor interés mediático, con numerosas entrevistas, artículos y reseñas. Vivió aquella etapa como una efervescencia y admite que en ese momento aceptaba colaboraciones extrañas o coyunturales que hoy no asumiría, pues prefiere dedicar su tiempo a otros proyectos.
En cuanto a la transformación de internet, asegura que no comparte una visión nostálgica de los “good old times”. A su juicio, se trata simplemente de otro contexto: hay una gran producción de contenidos y los podcasts se han convertido en videopodcasts, con una mayor conciencia visual. Considera que la red se ha refinado con el paso de los años, aunque todavía hay creadores que trabajan desde la libertad y sin preocuparse tanto por la viralidad o el algoritmo.
Como ejemplos cita a ‘Atractive Smithers’, un grupo centrado fundamentalmente en hacer memes en Instagram, y al podcast catalán ‘Guarres!’.
Entre el dibujo y la comedia
Noguera, que estudió Bellas Artes, se identifica más con la figura del artista que con la del cómico, aunque su producción sea claramente humorística. También siente mayor afinidad con las posiciones de los artistas, pese a que la mayoría de sus amistades pertenecen al mundo de la comedia.
Además de sus actuaciones, ha publicado casi una decena de libros con ideas visuales en la editorial Blackie Books. Su último trabajo, ‘Noguera 100’, reúne viñetas que difundía diariamente en Instagram.
El proyecto le llevó más de dos años y lo califica como hercúleo. Al tratarse de una publicación diaria, incluso contando con dos o tres ideas en reserva, acababa consumiéndolas y tenía que trabajar al día. Cuando alcanzó unas 800 viñetas decidió poner fin a esa dinámica.
La iniciativa había nacido para dar salida a ideas que no tenían cabida ni en el espectáculo ni en sus libros. Al comprobar que funcionaban, se creó una especie de bucle, pero la obligación de cumplir con una viñeta cada día le resultaba pesada. Ahora dibuja cuando le apetece y con más cuidado.
La fama y una marabunta de asistentes en el festival
Aunque su trabajo sobre el escenario es irreverente, Noguera se define como una persona calmada y asegura que, por suerte, no suele vivir situaciones incómodas con seguidores especialmente vehementes. La excepción más destacada fue precisamente su paso por el SOS 4.8.
Después de actuar ante un público mucho más numeroso del habitual, tuvo que salir al exterior del recinto, donde la audiencia se encontraba bebiendo y de fiesta. “Recuerdo un momento en el que tuve que atravesar una marabunta de gente, que se encontraba borracha y de fiesta, pidiéndome fotos”, rememora.
Fuera de aquella experiencia, considera que su público es muy respetuoso, amable y afectuoso. Lo más próximo a un encuentro desagradable, explica, sucede cuando alguien le pide una fotografía sin saber realmente quién es. Son personas a las que les resulta familiar su cara, pero no pueden identificarlo, y le dicen frases como: “No sé cómo te llamas pero tú eres algo, ¿no?”.
Para Noguera, en ese tipo de petición existe un desprecio inherente: la persona se fotografía con él como si fuera una celebridad abstracta, una mercancía o un rostro conocido que necesita identificar a través de terceros. Lo define como una paradoja: que le conozcan y, al mismo tiempo, no sepan quién es.
