Ibuprofeno de 400 o 600 mg: qué dosis se recomienda en cada caso

Ibuprofeno y paracetamol: usos diferentes

El ibuprofeno y el paracetamol son dos de los medicamentos más habituales en los hogares. Aunque ambos pueden emplearse para aliviar el dolor y reducir la fiebre, sus funciones no son idénticas.

El paracetamol actúa como analgésico y antipirético, por lo que se utiliza ante dolores leves o moderados y fiebre, especialmente si no existe inflamación. El ibuprofeno, por su parte, es un antiinflamatorio no esteroideo (AINE), por lo que puede resultar más apropiado cuando el dolor se acompaña de inflamación o está relacionado con una lesión.

Las diferencias entre 400 y 600 mg de ibuprofeno

Una de las consultas más frecuentes sobre este fármaco está relacionada con la elección entre 400 o 600 mg. La farmacéutica Boticaria García explica en su página web que, de acuerdo con los datos expuestos en Infarma 2013, una dosis de 400 mg sería suficiente para tratar dolores leves o moderados.

En estas situaciones, tomar 600 mg no implica necesariamente un efecto mayor. Sin embargo, sí puede elevar la probabilidad de sufrir efectos secundarios, entre ellos acidez estomacal, náuseas, mareos y dolor abdominal. Además, el consumo de ibuprofeno en dosis elevadas y durante periodos prolongados puede incrementar el riesgo de problemas cardiovasculares.

Cuándo se aconsejan 400 mg

Según Boticaria García, los 400 mg de ibuprofeno son suficientes para molestias como dolor de cabeza, dolor de garganta, un golpe sin relevancia o cualquier síntoma leve. Optar por esta cantidad también contribuye a reducir la posibilidad de efectos adversos.

La dosis de 600 mg, bajo prescripción

La presentación de 600 mg debería utilizarse «únicamente bajo prescripción cuando el médico lo considere oportuno», señala la farmacéutica. Esta dosis puede ser conveniente en patologías de mayor gravedad, como la artritis.

Ante cualquier duda sobre la cantidad más adecuada, se recomienda consultar con el médico o el farmacéutico. Una dosis más alta no equivale siempre a un mayor efecto: lo fundamental es emplear la cantidad indicada para cada situación y evitar prolongar el tratamiento más de lo necesario.