La industria cerámica se encuentra en una situación de incertidumbre debido al aumento de los costes energéticos. En los últimos años, los precios del gas natural se han disparado, y hemos presenciado un rally alcista en la cotización de los derechos de emisión de CO2. Este aumento en los costes energéticos ha provocado un incremento en los costes de producción para las empresas cerámicas, un aumento que no ha podido ser completamente transferido al precio de los productos, lo que ha llevado a una pérdida de competitividad. Muchas empresas siguen lidiando con este agujero financiero.
El sistema de comercio de emisiones de la Unión Europea, Emissions Trading System (ETS), ha sido el foco de muchas críticas por parte de los empresarios del sector. Consideran que este mercado está a merced de movimientos especulativos y que no está claro el destino de los fondos recaudados a través de este. A pesar de estas críticas, ha habido una disminución en los precios de las emisiones, así como en el precio del gas, lo que ha ayudado a reducir los costes para las empresas cerámicas.
El ETS, que ha estado en vigor en Europa desde 2005, alcanzó su punto máximo el 21 de febrero del año pasado, cuando los derechos de emisión de CO2 alcanzaron los 97,04 euros por tonelada. Sin embargo, un año después, el precio se situó en 51,03 euros, y actualmente ronda los 55 euros.
Según la patronal cerámica, Ascer, la factura de 2022 relacionada con los derechos de emisión ascendió a 57,5 millones de euros. Se espera que el balance de 2023 muestre una disminución en esta factura, a pesar de que la cotización de los derechos de emisión está más alta que nunca. Esto se debe principalmente a la caída de la producción, ya que si se fabrica menos, se consume menos gas y, por lo tanto, se emiten menos toneladas de CO2.
La fluctuación del ETS en los próximos meses será crucial para determinar el futuro alivio en el sector cerámico. Sin embargo, es importante tener en cuenta que, a pesar de la disminución reciente, los actuales 55 euros por tonelada siguen estando muy por encima de la media anual de 24,75 euros de 2020. Desde 2020 hasta 2023, la cotización se triplicó. Si se retrocede hasta 2017, el coste era de apenas 5,85 euros, una décima parte de lo que se cotiza en estos días.
Otro aspecto preocupante tiene que ver con las asignaciones gratuitas que se otorgan a las empresas cada año. Una vez que se supera esta cantidad, las empresas deben acudir al mercado de emisiones y pagar. En los últimos años, estas cuotas libres de pago se han reducido, y se espera que esta tendencia continúe en los próximos años.
En 2022, la producción cerámica cayó un 15%, mientras que las emisiones de CO2 descendieron un 12%. En 2023, la producción disminuyó aún más, alrededor del 21%. Sería deseable que en 2024 se siga reduciendo este coste para la industria, manteniendo la producción y consolidando el precio de CO2 por tonelada.
La industria cerámica requiere grandes cantidades de gas para funcionar, por lo que la cotización del gas y los derechos de emisión tienen un gran impacto en los costes de producción.
Por último, es importante señalar que el precio del gas ha estado fluctuando en los últimos meses. Durante algunos meses, el precio del gas en el mercado de referencia de Europa, TTF, superó los 300 euros, lo que hizo que la rentabilidad de la industria cerámica fuera inviable, a pesar de la fuerte demanda. Sin embargo, en las últimas semanas, el precio se ha consolidado por debajo de los 30 euros. Los analistas no esperan que suba a corto plazo, ya que el invierno, la época de mayor consumo en Europa, está llegando a su fin.
