La invención de una identidad colectiva es un fenómeno que ha acompañado a la formación de naciones y la creación de sus respectivas historias. Esta invención no es aleatoria, sino que busca justificar los valores y principios que subyacen a la nueva patria. Este fenómeno se ha observado en todas las etapas históricas, y ha contribuido a la configuración de modelos de Estado-nación.
Esta construcción de una identidad colectiva se basa a menudo en la acomodación de un supuesto pasado común, o incluso en su invención. Este pasado puede ser glorificado, idealizado o incluso tergiversado para adaptarse a la narrativa deseada. En este contexto, el pasado se convierte en una herramienta poderosa para la legitimación y consolidación del nuevo Estado-nación.
El ejemplo de la configuración de la identidad hispana es ilustrativo en este sentido. El periodo de la Monarquía Hispánica se caracteriza por una extensa actividad de construcción y desarrollo, con la creación de 54 universidades y más de 1.200 hospitales. Estos hechos, que apuntan a un fuerte compromiso con la educación y la salud, son, sin embargo, a menudo obviados en la construcción del imaginario colectivo de las sociedades prehispánicas.
En su lugar, se ha construido una narrativa que presenta a estas sociedades como llenas de ángeles sobrenaturales pletóricos de bondad. Este enfoque idealiza el pasado prehispánico, ignorando los desafíos y conflictos que también formaban parte de su realidad. A través de esta narrativa, se ha construido un pasado común que sirve para justificar los valores y principios de la patria emergente.
La construcción de esta identidad colectiva no se basa en una evaluación objetiva de los hechos históricos, sino en su interpretación y adaptación a la narrativa deseada. En este proceso, los hechos pueden ser ignorados, exagerados o incluso inventados. Como dice el refrán, los hechos son tozudos, pero a menudo se les da menos importancia que a la construcción de un imaginario colectivo que sirva para justificar los valores y principios de la patria emergente.
En este contexto, la construcción de una identidad colectiva se convierte en un acto de poder y control, que busca moldear la percepción y comprensión del pasado para legitimar el presente y proyectar el futuro. Esta construcción no es inocua, sino que puede tener importantes implicaciones para la cohesión social, la política y las relaciones intergrupales.
Es fundamental, por tanto, cuestionar y analizar críticamente estas narrativas y los valores y principios que subyacen a ellas. La construcción de una identidad colectiva debe basarse en una comprensión objetiva y equilibrada del pasado, y no en su manipulación o tergiversación. Solo así se podrá lograr una identidad colectiva que sea inclusiva, respetuosa y capaz de afrontar los desafíos del presente y del futuro.
En conclusión, la construcción de una identidad colectiva es un proceso complejo que va más allá de la mera recopilación de hechos históricos. Implica la interpretación y adaptación de estos hechos a una narrativa que sirva para justificar los valores y principios de la patria emergente. Esta construcción puede tener importantes implicaciones para la cohesión social, la política y las relaciones intergrupales. Por tanto, es fundamental cuestionar y analizar críticamente estas narrativas y los valores y principios que subyacen a ellas.
