Brasil volverá a votar el próximo 25 de octubre para decidir si Luiz Inácio Lula da Silva continúa como presidente o si el ultraconservador Flávio Bolsonaro llega al poder.

Bolsonaro lidera la primera vuelta, pero sin mayoría suficiente

Con algo más del 93% de los votos escrutados, Flávio Bolsonaro reunía 52,9 millones de votos, cerca de cuatro millones más que Lula, que sumaba 49 millones. Sin embargo, el candidato obtenía el 47,8% de las papeletas, frente al 44,25% del histórico dirigente de izquierdas, por lo que no alcanzaba el 50% necesario para evitar una segunda vuelta.

Unos 159 millones de ciudadanos estaban convocados a las urnas en una cita que registró una participación del 79,09%. El resto de aspirantes quedó muy alejado de los dos principales contendientes: ninguno superó el 3% de los votos. El resultado consolida la polarización entre la izquierda y la derecha como una realidad en el país.

Una jornada marcada por la tensión y un fuerte despliegue de seguridad

Desde la Amazonía hasta las zonas agrícolas del sur, los brasileños participaron en unas elecciones de elevada tensión. La extrema polarización, el temor a posibles injerencias externas y el recuerdo del intento de golpe de Estado de enero de 2023 llevaron al Gobierno a activar un dispositivo de seguridad sin precedentes.

El operativo incluyó la presencia del Ejército en más de 130 municipios, controles en las carreteras y la prohibición del uso de la inteligencia artificial para prevenir la difusión de noticias falsas. Asimismo, embajadas y consulados extranjeros optaron por cerrar sus puertas.

Lula y el clan Bolsonaro, de nuevo frente a frente

Lula y la familia Bolsonaro vuelven a protagonizar un proceso electoral como el de hace cuatro años. En aquella segunda vuelta, el veterano líder de izquierdas, que había recuperado sus derechos políticos un año después de pasar 19 meses en prisión, venció por solo un 1,8% a Jair Bolsonaro, entonces candidato a la reelección.

Aquel fue el margen más estrecho de la historia democrática brasileña. Jair Bolsonaro no reconoció la victoria y posteriormente lideró una asonada golpista contra Lula tras su regreso al poder.

Jair Bolsonaro cumple actualmente una condena de 27 años en su domicilio. Su hijo mayor, Flávio, se ha medido ahora con un Lula octogenario que aspira a su cuarto mandato. El rechazo tanto al presidente como a los Bolsonaro es elevado, y buena parte del electorado votó más en contra de una opción que a favor de la otra.

Janaína Oliveira, de 45 años, resumió ese sentimiento antes de depositar su papeleta en un colegio electoral de Río de Janeiro: «Voy a votar al menos peor», declaró a AFP.

Dos propuestas contrapuestas

Flávio Bolsonaro votó en Río de Janeiro y defendió «la necesidad de un cambio» porque el país «no aguanta más». Lula ejerció su derecho al voto en São Paulo, donde reivindicó sus políticas y afirmó: «No se resuelven 500 años en 10, 15 o 20 años. Esta elección no es entre personas, es entre la democracia y la barbarie, entre el atraso y el desarrollo».

Los candidatos encarnan modelos opuestos. Lula representa un programa progresista en lo social, partidario de un Estado con peso en la economía y de combatir la deforestación de la Amazonía. Bolsonaro plantea una agenda ultraliberal en lo económico, conservadora en el ámbito social, de mano dura contra el crimen y de acercamiento al presidente Donald Trump.

Durante estos cuatro años, Lula ha gobernado con un gabinete multipartidista, integrado por fuerzas desde la izquierda hasta la derecha moderada, y con un Legislativo conservador. Ha recurrido a medidas ejecutivas para frenar la deforestación amazónica y ampliar las ayudas a los hogares más pobres, aunque ha cedido en otras áreas de poder. Por ello, el nuevo Congreso será también decisivo para la gobernabilidad del país.

Desafección por corrupción, inseguridad y economía

El cansancio ciudadano responde a varios factores: los casos de corrupción que han afectado a distintos sectores, incluidos Lula y Flávio Bolsonaro; la confrontación constante entre el Congreso, la Presidencia y el Tribunal Supremo; la inseguridad en las calles y las dificultades económicas.

Aunque los indicadores sociales, como la pobreza, el desempleo y el hambre, mejoraron de forma drástica durante el mandato de Lula, la economía afronta retos importantes por el peso de la deuda pública y familiar, así como por las elevadas tasas de interés.

La elección brasileña también es seguida con atención desde el resto del continente, especialmente desde Estados Unidos, ante los cambios ideológicos que han experimentado los gobiernos de América Latina elección tras elección.