Luis Rubiales, expresidente de la Federación Española de Fútbol, con el ministro de Deportes de Arabia Saudí, Abdulaziz bin Turki

El deporte español se encuentra en un punto crítico. A pesar de que los atletas nacionales se han convertido en una de las mejores imágenes internacionales de la marca España, es evidente que los líderes políticos no disimulan su indiferencia hacia el sector deportivo. La última crisis que ha sacudido a la Federación Española de Fútbol es sólo el último ejemplo de una tendencia preocupante: a la política parece importarle poco el deporte.

Excepto, por supuesto, cuando se trata de hacerse una foto en un podio, lucirse en un palco de triunfo, otorgar rápidamente una nacionalidad oportunista, o posar con los campeones de turno en las escaleras del palacio de La Moncloa. La misma Moncloa que desde junio de 2018 es la residencia de Pedro Sánchez, quien ya ha tenido cinco presidentes del Consejo Superior de Deportes (CSD) bajo su mandato. Entre ellos se incluyen María José Rienda, Irene Lozano, José Manuel Franco, Víctor Francos, y José Manuel Rodríguez Uribes.

Para algunos, el CSD es un apéndice del Ministerio de Cultura. Para otros, es parte del Ministerio de Educación. Depende de hacia dónde sople el viento político en ese momento. Para el gobierno, los jefes del CSD parecen tener una vida útil similar a la de un entrenador de fútbol bajo el mando de Jesús Gil.

El fútbol no es el único deporte que ha sufrido la indiferencia política. El baloncesto, el balonmano, el tenis, y otros deportes también han tenido que lidiar con la falta de apoyo institucional. Esta situación ha llevado a que numerosos deportistas se vean obligados a buscar patrocinio y financiación en el extranjero, lo que añade una capa adicional de dificultad a su ya ardua tarea de competir en el más alto nivel.

La política deportiva en España ha sido, tradicionalmente, un tema de menor importancia para los líderes políticos. A pesar de los importantes logros de los deportistas españoles en la escena internacional, el deporte no ha logrado consolidarse como una cuestión de estado. En cambio, ha sido utilizado como un instrumento para la promoción personal y política de los dirigentes, quienes rara vez se pierden una oportunidad de posar con los campeones de turno.

Este desinterés político hacia el deporte contrasta con la pasión que sienten millones de españoles por el fútbol, el baloncesto, el tenis, y otros deportes. Para muchos, el deporte es mucho más que un simple pasatiempo: es una parte integral de su identidad y una fuente de orgullo nacional.

Los deportistas españoles, por su parte, continúan triunfando a pesar de las dificultades. Su talento, dedicación, y espíritu de lucha son un testimonio de su capacidad para superar adversidades. Sin embargo, es evidente que el deporte español necesita un apoyo institucional más sólido para poder mantener su éxito en el futuro.

La situación actual del deporte en España es un claro reflejo de la falta de una política deportiva seria y coherente. Mientras los deportistas continúan luchando por mantenerse en la cima, los líderes políticos parecen más interesados en hacerse fotos con ellos que en proveerles el apoyo necesario para lograr sus objetivos.

En conclusión, el deporte español merece más que ser utilizado como un instrumento de promoción política. Merece ser reconocido y apoyado como una parte integral de la sociedad española, que contribuye al bienestar físico y mental de sus ciudadanos, así como al prestigio internacional de la nación. Por el bien de los deportistas y de todos los españoles, es hora de que los líderes políticos se tomen en serio el deporte.