La gestión de la selección nacional, en particular de la Federación, ha sido objeto de críticas recientes. El enfoque y las decisiones tomadas por el seleccionador nacional, Luis de la Fuente, han dejado a muchos perplejos y frustrados, alimentando la percepción de que la Federación ha perdido el toque y se ha convertido en una «cortijo» privado.
En el centro de la controversia se encuentra nada más y nada menos que el talentoso Brahim. Para muchos observadores y aficionados, la forma en que se ha manejado su situación es un claro ejemplo de la mala gestión y el egoísmo que parecen haberse apoderado de la Federación. En otros países, donde el fútbol y la selección nacional son una religión, situaciones como ésta serían impensables, y el seleccionador estaría en la calle en poco tiempo.
A lo largo de los años, la Federación ha demostrado ser capaz de moverse y actuar cuando le convenía. Ha habido casos en los que se ha movilizado para que ciertos jugadores se conviertan en ‘parte’ de la selección española. Sin embargo, con Brahim, parece que se ha adoptado un enfoque pasivo. No ha habido ningún esfuerzo evidente para integrarlo, lo que ha llevado a muchos a cuestionar las verdaderas intenciones y prioridades de la Federación y de De la Fuente.
El caso de Brahim es especialmente preocupante dada su juventud y su potencial. A sus 24 años, Brahim tiene mucho margen de mejora y muchos años de fútbol por delante. Pero, debido a la aparente dejadez de la Federación y de De la Fuente, se ha perdido la oportunidad de hacer de él un activo valioso para la selección nacional.
Además, el trato a Brahim no es el único problema. La situación de Sergio Ramos también ha suscitado críticas. A pesar de su buen rendimiento y su estatus de titular indiscutible en el Sevilla, De la Fuente ha decidido no contar con él. Algunos sugieren que esta decisión puede estar motivada por el miedo a que Ramos le haga sombra en el vestuario, y no por razones de rendimiento o edad.
Por otro lado, las recientes declaraciones de De la Fuente en una rueda de prensa, en las que parecía criticar a Madrid y buscar el aplauso de la «España periférica», han agravado la situación. Este tipo de comentarios, que parecen intentar dividir y conquistar, no hacen más que alimentar la percepción de que De la Fuente está más interesado en reforzar su propia posición que en unir y liderar al equipo.
A pesar de todo, De la Fuente sigue al frente de la selección, un superviviente que parece ver en su cargo una oportunidad para reivindicarse. Pero mientras continúa tomando decisiones que parecen ir en contra de la lógica, la selección se aleja cada vez más de lo que debería ser: un equipo que representa a todo el país y que genera ilusión.
Esperemos que algún día llegue alguien con voluntad de ilusionar, un equipo que transmita pasión por jugar con España y un seleccionador que entienda que representa a un país con muchas sensibilidades y que todas deberían caber en una camiseta roja con franjas amarillas. Pero hasta entonces, parece que la Federación y De la Fuente seguirán siendo objeto de críticas y de escrutinio público.
