Miguel Luque, un rompebarreras en los Juegos

Miguel Luque, un nadador paralímpico catalán, es un verdadero ejemplo de resiliencia y determinación. Nacido con artrogriposis múltiple congénita, una condición que le robó la movilidad de sus extremidades inferiores y lo confinó a una silla de ruedas, Luque ha demostrado a lo largo de su vida que los obstáculos no son sino oportunidades para superarse.

A los cinco años, Luque comenzó a nadar como una herramienta terapéutica para su discapacidad. A pesar de los desafíos, encontró en la natación una forma de superar sus limitaciones y explorar su potencial. A los 12 años, descubrió el baloncesto en silla de ruedas, deporte que compaginó con la natación hasta que decidió dedicarse completamente a esta última con el objetivo de llegar a los Juegos Paralímpicos.

En Sydney 2000, a la edad de 23 años, Luque ganó su primera medalla paralímpica – el oro en la categoría de 50 metros braza. Desde entonces, ha acumulado un total de siete medallas paralímpicas a lo largo de seis Juegos. Su espectacular palmarés incluye cinco medallas más en su prueba fetiche (oro en Atenas 2004; plata en Londres 2012, Río 2016 y Tokio 2020, y bronce en Pekín 2008), además del bronce en Atenas 2004 en el relevo de 4×50 estilos.

Actualmente, Luque tiene la mirada puesta en los próximos Juegos Paralímpicos. “Estoy muy feliz y muy ilusionado con mis séptimos Juegos. Para mí es una hazaña. Estar en París es un éxito para mí y para la gente que está conmigo. Y para deportistas paralímpicos y para el resto que vean el esfuerzo y dedicación que hay”, comparte.

Lejos de considerar la jubilación, el nadador catalán se siente con la energía y la determinación para seguir compitiendo. Con 51 años, tiene la intención de participar en los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028. “Yo creo que sí. ¿Por qué no? Aunque todavía queda mucho me gustaría. Me siento joven, con fuerza y mucha vitalidad y con muchas ganas, que es lo más importante”.

Más allá de su impresionante carrera deportiva, Luque valora especialmente la experiencia en la villa olímpica durante los Juegos. “Eso siempre es lo mejor. Juntarte con otros deportistas de todo el mundo y de disciplinas distintas con el mismo objetivo siempre es muy emocionante”.

Luque entrena de cuatro a seis horas diarias en el CAR de Sant Cugat. Durante 20 años, compaginó su entrenamiento con la venta de cupones de la ONCE. Aunque en Sydney 2000 no recibió ningún premio en metálico pese a ganar el oro, Luque celebra que se haya anunciado la equiparación de los premios para los medallistas paralímpicos y olímpicos.

“Después de tantos años tendremos igualdad de oportunidades con los deportistas olímpicos. Seremos considerados deportistas de élite sin diferencia ninguna, como personas y deportistas -reflexiona-. Es una retribución económica que está muy bien y nos va a ayudar bastante en el día. Yo nunca lo he hecho por el dinero, sino por ganas de esforzarme, porque el deporte te da salud, bienestar Pero ahora que soy deportista experimentado y hay estas ayudas esto te hace seguir con más ganas para poder subir a podio”.

Luque también colabora con Ona Foundation y Adapta2, que trabajan en la inclusión a través del deporte de personas con diversidad funcional, dando charlas en colegios contando su experiencia deportiva y vital. Les explica que su discapacidad no le ha supuesto un problema para llevar una vida normal, hacer deporte y tener una familia.

“Cuando los niños ven a una persona con discapacidad similar a la suya, que se esfuerza y que puede llegar a una olimpiadas les hace creer que pueden ser igual o mejores que yo. Es un orgullo poder ser un referente para ellos, que eso les dé una ilusión para hacer deporte”.

Aunque ve lejana aún la retirada, tiene claro que el día que deje de competir no se alejará de la piscina. “Quiero seguir disfrutando de todo lo que me ha dado este deporte”.