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Los ecosistemas terrestres, marinos y costeros son partes integrales de nuestras vidas, proporcionando una amplia gama de beneficios que a menudo damos por sentado. Estos vastos paisajes son hogar de hábitats únicos y especies endémicas, que juegan un papel vital en la conservación de la diversidad biológica. Además de su función de preservación, las Reservas de la Biosfera también tienen la misión de promover actividades humanas que respeten los límites de los ecosistemas locales. Su papel en el sistema educativo también es de gran importancia, ya que fomentan la sensibilización ambiental.

En 2013, la Asamblea General de la UNESCO aprobó la creación del Centro UNESCO de Categoría II para las Reservas de la Biosfera Mediterránea. Bajo la dirección de la directora general de la UNESCO, Irina Bokova, este centro fue inaugurado en 2014. Su principal objetivo es coordinar las actividades llevadas a cabo por las Reservas de la Biosfera ubicadas en los países que bordean el Mediterráneo. Así, se abordan los desafíos socioambientales emergentes derivados del cambio climático global.

Las Reservas de la Biosfera son áreas designadas y protegidas que buscan promover la conservación de la biodiversidad y los procesos naturales de sus ecosistemas. La principal misión de estas reservas es preservar la naturaleza junto al desarrollo sostenible, promoviendo acciones que no pongan en peligro el equilibrio ecológico del entorno.

En términos de gestión, las Reservas de Biosfera se dividen en tres zonas interrelacionadas. Las áreas centrales, que son lugares protegidos que priorizan la conservación de la diversidad biológica y el seguimiento de ecosistemas poco perturbados. Estas áreas son esenciales para mantener los servicios ecosistémicos, como la captura de carbono, la estabilización de suelos y el suministro de agua potable. Por otro lado, la zona de amortiguamiento rodea las áreas centrales y puede albergar actividades que sean compatibles con el medio ambiente.

Este diseño permite reducir el impacto de las acciones humanas en el área central y es esencial para mantener la diversidad biológica y cultural. Una de las ventajas de este diseño es que promueve la conectividad biológica, que actúa como un corredor natural entre la zona núcleo y la zona de transición.

La zona de transición, por otro lado, es fundamental para la gestión y desarrollo sostenible de los recursos naturales. En esta zona se pueden llevar a cabo una amplia gama de actividades económicas que benefician el desarrollo socioeconómico de las poblaciones locales, siempre y cuando estas actividades respeten los objetivos específicos de cada reserva.

España, con su gran diversidad paisajística, es líder mundial en número de Reservas de la Biosfera. Con 53 reservas distribuidas en 16 comunidades autónomas, España supera a países como China, Estados Unidos y Rusia. La provincia de Castilla y León encabeza la lista, con diez reservas.

El castillo de Castellet, un imponente castillo del siglo X convertido en sede de la Fundación Abertis y Centro Internacional UNESCO para las Reservas de la Biosfera de los Ecosistemas Mediterráneos, es un ejemplo notable de esta tendencia. Declarado Bien Cultural de Interés Nacional, este monumento ha conseguido la certificación medioambiental Biosphere Responsible Tourism, en su categoría “Biosphere Discover”, un programa internacional de espacios turísticos respetuosos con el medio ambiente otorgado por el Instituto de Turismo Responsable (ITR) y avalado por el Global Sustainable Tourism Council (GSTC).

Finalmente, es importante destacar el compromiso de Abertis con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS, de las Naciones Unidas. La compañía ha definido tres ejes de estrategia: la descarbonización, la seguridad vial y la cultura corporativa, en su esfuerzo por alcanzar los objetivos fijados de reducción de emisiones por la Agenda 2030. La preservación de estos espacios es una apuesta de futuro necesaria para las próximas generaciones.