entre lo nuevo, lo viejo y el porvenir de todo un país

Argentina se encuentra en un punto de inflexión crucial en su historia política. Los ciudadanos están a punto de elegir entre dos modelos diametralmente opuestos de gobernanza en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. La elección se reduce a una opción entre un Estado que busca ampliar y proteger los derechos de todas las clases sociales y un Estado que se contenta con ser un espectador de los caprichos del mercado.

La nación ha entablado un emocionante diálogo con la novedad y la incertidumbre, representada por la posibilidad de una segunda vuelta de las elecciones presidenciales, un fenómeno sin precedentes en la historia de la Argentina. Este proceso, conocido como “balotaje”, una palabra de origen francés que ha sido adoptada en español, ha generado cierto temor en el público.

Las dos figuras políticas que se enfrentan en esta contienda son el candidato oficialista Daniel Scioli y el abanderado de la derecha conservadora, Mauricio Macri. En la primera vuelta, Scioli ganó por un margen estrecho de casi tres puntos porcentuales. Sin embargo, ninguno de los candidatos logró el umbral de 45% o 40% con una diferencia de 10 puntos sobre el segundo, por lo que se ha convocado una segunda vuelta para el 22 de noviembre.

Scioli y Macri tienen en sus registros años de servicio como jefes de gobierno, lo que proporciona una base sólida para la comparación de sus habilidades de liderazgo. Scioli ha pasado ocho años al frente de la provincia de Buenos Aires, mientras que Macri ha ocupado el mismo cargo en la Ciudad de Buenos Aires durante el mismo periodo.

Los temores de los votantes parecen girar en torno a dos cuestiones principales. Por un lado, hay preocupaciones sobre si Scioli será capaz de mantener los logros de doce años de un Estado presente y combativo frente a los embates del mercado y de los poderes que se oponen al legado de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Por otro lado, la mención de la “derecha” y la “conservadora” en la Argentina provoca reacciones negativas debido a su asociación con episodios de desempleo, desigualdad y pérdida de soberanía en el pasado.

En esta segunda vuelta, Macri se presenta como el paradigma de la «buena gestión», intentando retratar a Scioli como un mal administrador. Sin embargo, las críticas a Macri también son considerables. Su desprecio por la institucionalidad, las numerosas denuncias de corrupción y su procesamiento por escuchas ilegales son elementos negativos que los medios han intentado ocultar.

Los medios de comunicación han desempeñado un papel significativo en la formación de la opinión pública en el camino hacia las elecciones. Han cuestionado las políticas del gobierno de Fernández, tildándolas de «clientelistas», «promotoras de la vagancia» o «irresponsables». Además, han intentado establecer que el destino de la segunda vuelta ya estaría sellado a favor de Macri.

La pregunta de si Scioli es el mejor candidato que el oficialismo podría presentar ha surgido en muchas conversaciones. A pesar de que muchos consideran que no es así, el hecho de que sea el candidato surgido de un proyecto que revolucionó a la Argentina y la puso de pie tras las nefastas consecuencias del neoliberalismo no puede ser ignorado.

Por otro lado, Macri no genera miedo porque se teme a lo desconocido, y la derecha argentina ya es bien conocida. Sus políticas de «exclusión», «privilegios» y «falta de derechos» son la base de su proyecto, que es cualquier cosa menos democrático. Los votantes tienen ahora la tarea de romper la protección mediática que Macri ha disfrutado en los últimos años o darle su voto, sabiendo lo que implica tener a un neoliberal al frente del país.

En este momento de incertidumbre, Argentina se enfrenta a un desafío que pone a prueba nuestra capacidad para comprometernos y enfrentar el futuro. La elección se reduce a una opción entre la democracia de la política o la dictadura del mercado.