El valor refugio pierde fuerza a corto plazo
El oro, que en enero llegó a alcanzar los 5.600 dólares por onza durante la sesión —un máximo histórico—, se ha alejado notablemente de aquel nivel. A comienzos de año, analistas de entidades como Deutsche Bank y Société Générale estimaban que el metal precioso podía llegar a los 6.000 dólares por onza en 2026, pero el inicio de las hostilidades entre Washington y Teherán alteró esas previsiones.
Los mercados han revisado repetidamente el impacto financiero del conflicto en Oriente Medio, cuyo desenlace no parece próximo. La incertidumbre está afectando al precio del oro de una forma distinta de la esperada: en lugar de subir, los metales preciosos retroceden por las elevadas expectativas de inflación, el encarecimiento del petróleo, las subidas de tipos de interés, la tensión en la renta fija y el fortalecimiento del dólar.
Este escenario ha presionado a la baja al tradicional activo refugio. El lunes, el oro llegó a caer más de un 3,8% intradía, hasta situarse en 4.150 dólares por onza al cierre de los mercados europeos, su cota más baja desde principios de agosto. La plata registraba un descenso superior al 5,1%, hasta los 61 dólares; el platino cedía un 3,6% y el paladio, un 4,5%.
Al mismo tiempo, el rendimiento del bono estadounidense a diez años superaba el 5,26%, su nivel más elevado desde 2007, mientras que la rentabilidad del bono español alcanzaba el 4,15%, el máximo desde 2013 al cierre de la sesión bursátil europea.
La renta fija eleva el coste de mantener oro
La caída del metal responde a un cambio en las fuerzas que hasta hace poco lo impulsaban. El alza de los tipos y, especialmente, de las rentabilidades de la deuda estadounidense, con los títulos del Tesoro en niveles no vistos desde la crisis de 2008, incrementa el coste de oportunidad de conservar un activo que no ofrece intereses.
Por el contrario, la renta fija de Estados Unidos ha ganado atractivo ante las previsiones de inflación y tipos elevados, intensificadas por una guerra que se prolonga más de lo que anticipaban los mercados. Como muestra de esta presión, el Brent se mantenía por encima de los 100 dólares por barril durante la jornada del jueves.
Además, al cotizar en dólares, el oro se encarece para los compradores de otras divisas cuando la moneda estadounidense se fortalece. En este contexto, la demanda habitual de oro como refugio ante la incertidumbre pierde impulso frente a los activos de renta fija. El mercado también descuenta nuevas subidas de tipos por parte de la Reserva Federal el próximo mes de octubre.
Demanda sólida pese a las caídas
Pese al descenso, los analistas consideran que la situación debe analizarse con perspectiva. José Manuel Marín Cebrián, asesor financiero y fundador de Fortuna SFP, sostiene que la demanda sigue prestando «poca atención al coste de oportunidad y mucha a la preservación del patrimonio, a la incertidumbre geopolítica, a la sostenibilidad fiscal y al deseo de tener un activo fuera del sistema financiero convencional».
En esas circunstancias, el oro continúa siendo un refugio fiable. Según el experto, unos bonos al alza y un dólar fuerte suponen un obstáculo evidente a corto plazo, aunque el incremento de los tipos, sobre todo en los vencimientos largos, aumenta el riesgo de que «algo se rompa».
El encarecimiento de la deuda eleva los costes de financiación para gobiernos, empresas y familias. Esta situación podría llevar a los inversores a reclamar rentabilidades todavía mayores para continuar adquiriendo títulos de renta fija, en un momento en el que el mercado se cuestiona cuánta deuda es capaz de absorber.
«Lo mismo que hoy castiga al oro es lo que mañana puede justificarlo», afirma el asesor, especialmente si persisten las tensiones y el mercado sigue anticipando futuros incrementos de tipos, como ocurre en Estados Unidos. Aunque el metal precioso no paga cupón ni genera flujos de caja, adquiere relevancia cuando el mercado de deuda comienza a mostrar tensiones cada vez más difíciles de ignorar.
