Raphinha se lamenta ante la eliminación del Barça ante el PSG en la Champions.

El fútbol es un deporte tan emocionante como despiadado. El club de fútbol de Barcelona, Barça, había renacido en París tras una victoria de 2-3, un partido que auguraba una nueva era para el club. Pero el fútbol es una bestia efímera y cruel, capaz de ensalzar a un equipo a la cima y luego hundirlo con una derrota de 1-4. Un error cometido por el defensor del Barça, Ronald Araujo, dejó al equipo con diez jugadores durante una hora, con ventaja en el marcador. Un penalti por parte de Joao Cancelo a Ousmane Dembélé permitió a Kylian Mbappé brillar como el rey ante la enfurecida multitud en Montjuïc, dejando al Barcelona en la cuneta otra vez en la Champions League.

La tristeza de la derrota fue aún más palpable con la imagen de Xavi Hernández pateando la protección de la cámara de televisión, ganándose una expulsión cuando su equipo más necesitaba a un entrenador cuerdo. La victoria del Barça en París había sido un respiro para el club, que ha soportado una serie de fracasos en los últimos años, no sólo a manos de sus rivales deportivos (Roma, Liverpool, Bayern o el mismo Paris Saint-Germain), sino también por las decisiones de sus propios directivos.

Araujo, quien se había convertido en el héroe de la noche con su gol generador del 1-0, se convirtió en el villano al cometer los dos errores que llevaron al Barça de la luz a la tiniebla. El primero fue un mal pase que propició un contraataque de Barcola, y el segundo fue una falta que resultó en su expulsión. El árbitro rumano, István Kovács, no tuvo más opción que mostrarle la tarjeta roja.

El gol inaugural del Barça fue obra de Raphinha, quien aprovechó un centro de Lamine Yamal para marcar el primer remate a gol del Barcelona. Pero, la alegría fue efímera. En inferioridad numérica, el Barça se tambaleó hasta derrumbarse. Dembélé, pese a los abucheos de la afición, logró empatar el partido antes del descanso gracias a otra gran jugada de Barcola. Sin embargo, el PSG no dejó de presionar, y una falta de Cancelo sobre Dembélé permitió a Mbappé marcar de penalti el 1-3.

La desesperación se instaló en el Barça, con jugadores como İlkay Gündoğan, Robert Lewandowski y Raphinha dejándose la piel en el campo por un gol que nunca llegó. En cambio, fue Mbappé quien puso el colofón con un gol que desató la furiosa celebración de los parisinos y una imagen de los jugadores del Barça derrotados y desolados en el campo.

La tragedia del Barça en este partido refleja las palabras del escritor Mircea Cărtărescu en su obra Solenoide: «Siempre he tenido miedo, un miedo puro, surgido no de la idea del peligro, sino de la vida misma». El Barça, un equipo que parecía estar a punto de renacer, murió cuando estaba más cerca de la vida. El fútbol, en su brutalidad y efímera gloria, puede ser tan cruel como la vida misma.