Lula y Flávio Bolsonaro encarnan dos proyectos opuestos en las elecciones de Brasil

Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro vuelven a situar a Brasil ante una confrontación política marcada por la polarización. El veterano presidente de izquierdas se enfrenta en las urnas al hijo de Jair Bolsonaro, el exmandatario ultraderechista inhabilitado y condenado a prisión domiciliaria por instigar el fallido golpe de Estado de enero de 2023.

La mayor economía y el país más poblado de América Latina afronta unos comicios en un clima de división extrema. La pugna entre los apellidos Lula y Bolsonaro, que ya definieron la política brasileña en los últimos años, refleja también el cansancio de una parte de la ciudadanía ante la falta de relevo generacional, especialmente en el oficialista Partido de los Trabajadores (PT).

Una elección reñida entre modelos enfrentados

Unos 158 millones de brasileños están convocados a votar en una elección que enfrenta dos propuestas antagónicas. Lula representa un proyecto progresista en el ámbito social, partidario de una intervención estatal relevante en la economía y de combatir la deforestación de la Amazonía. Flávio Bolsonaro defiende una agenda ultraliberal en lo económico, conservadora en lo social, de mano dura contra el crimen y más cercana al presidente estadounidense, Donald Trump, con quien comparte su rechazo a la agenda climática global.

Hace cuatro años, Lula se impuso con el margen más ajustado de la historia democrática brasileña: un 1,8%. Las previsiones actuales apuntan a que ninguno de los dos candidatos obtendrá el 50% necesario para vencer en la primera vuelta. Para una eventual segunda ronda, las últimas encuestas sitúan a ambos empatados con un 42% de intención de voto, por lo que los indecisos y los electores independientes serán determinantes.

El elevado rechazo hacia los dos principales aspirantes condiciona la campaña. Carlos Malamud, investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano, sostiene que muchos ciudadanos votan para evitar la victoria del rival. Anna Ayuso, investigadora senior del Barcelona Center for International Affairs (CIDOB), destaca que la imposibilidad de que Jair Bolsonaro concurriera ha beneficiado a Flávio Bolsonaro, mientras que el PT ha concentrado su apuesta en Lula por falta de otra alternativa. Ayuso también señala que el vicepresidente tiene más de 70 años y que el partido no cuenta con figuras capaces de movilizar a los votantes más jóvenes.

Seguridad: prevención frente a mano dura

La seguridad se ha convertido en uno de los asuntos decisivos para los indecisos y evidencia las diferencias entre ambos candidatos. Tras el operativo policial más letal de la historia de Brasil, que hace un año dejó 121 muertos en las favelas del norte de Río de Janeiro, Lula lo calificó de «matanza desastrosa» y reclamó una investigación independiente. Su adversario, en cambio, definió la operación como un «éxito rotundo».

La confrontación resume dos planteamientos: el enfoque de mano dura que promueve Bolsonaro frente a la prioridad que Lula da a la prevención social.

El reto económico y el ajuste fiscal

El próximo presidente deberá afrontar un ajuste fiscal en un país con el mayor endeudamiento de América Latina, equivalente al 84% del PIB. Ayuso explica que la deuda aumenta por el déficit fiscal primario, ya que el Estado gasta más de lo que recauda desde hace años, mientras los intereses se mantienen en niveles elevados.

Flávio Bolsonaro propone aplicar «la motosierra» al estilo de Javier Milei en Argentina, mediante un fuerte recorte del gasto público. Lula, por su parte, plantea elevar los impuestos a las rentas más altas y reducir los subsidios generales.

Durante su último mandato, Lula ha reducido la pobreza y la pobreza extrema a sus niveles más bajos desde que existen registros. Lo ha hecho, entre otras medidas, mediante la recuperación del programa Bolsa Familia, una ayuda mensual condicionada a la escolarización de los niños y al cumplimiento del calendario de vacunación. Además, la tasa de desempleo descendió cuatro puntos, del 9,3% al 5,3%.

Brasil también ha salido del Mapa del Hambre y se estima que 17 millones de personas han abandonado la miseria. Sin embargo, estos indicadores sociales contrastan con una desaceleración económica: el país creció un 3,4% en 2024 y un 2,3% en 2025, pero la previsión para este año es del 1,6%. La inflación permanece relativamente controlada, aunque supera el 3%, en un contexto internacional perjudicado por la guerra y los precios, que han reducido las importaciones.

Instituciones, religión y tensiones en el Supremo

La campaña ha estado acompañada de acusaciones cruzadas de corrupción vinculadas al escándalo del Banco Master. El caso afecta a Flávio Bolsonaro y a otras figuras de la oposición, pero también al oficialismo y a magistrados del Tribunal Supremo.

La división religiosa también ha irrumpido en la contienda. Los católicos apoyan mayoritariamente a Lula y los evangélicos se inclinan por Bolsonaro. Entre las desinformaciones difundidas en redes sociales figura el falso bulo de que un eventual Gobierno ultraderechista retiraría a la Virgen de Aparecida el título de Patrona de Brasil.

Las tensiones y choques públicos dentro del Supremo Tribunal Federal (STF) han incrementado la controversia. Malamud describe una «lucha cainita» entre sus magistrados. La derecha acusa al tribunal, especialmente a jueces como Alexandre de Moraes, de excederse en sus atribuciones, perseguir a la oposición y censurar redes sociales. El oficialismo, por el contrario, presenta al STF como garante de las instituciones democráticas.

Ayuso advierte de que el Supremo, una de las pocas instituciones que conservaba prestigio entre la población y que había actuado como árbitro en la confrontación política, ha quedado cuestionado por los contactos con Daniel Vorcaro, el banquero relacionado con el último escándalo de corrupción. A su juicio, esta situación perjudica la salud democrática y aumenta el desapego ciudadano.

El Congreso, clave para gobernar

Además de la Presidencia, los comicios servirán para renovar la Cámara de Diputados, dos tercios del Senado y elegir a los 27 gobernadores regionales. La composición parlamentaria será decisiva para la gobernabilidad, dada la compleja relación entre el Ejecutivo y el Legislativo.

El Gobierno que resulte elegido deberá negociar con un Congreso controlado por el Centrão, un grupo de partidos centrados en sus propios intereses, y por las Tres B, el bloque conservador vinculado al agro, las armas y las iglesias. Ambos grupos no son rivales, sino que se entrecruzan de forma habitual.

Malamud considera que, gane Lula o Bolsonaro, los partidos del Centrão volverán a tener una posición determinante, al actuar más por criterios de captura del presupuesto que por otras prioridades.

Brasil entre Estados Unidos, China y los BRICS

El resultado electoral tendrá repercusiones más allá de las fronteras brasileñas. El avance de políticos de la derecha reaccionaria en América Latina obliga a los países de la región a equilibrar un discurso de seguridad alineado con Donald Trump y la preservación de sus vínculos comerciales con China.

Brasil es uno de los pocos países latinoamericanos que mantiene un Gobierno de izquierdas y desempeña un papel destacado en los BRICS, bloque que busca actuar como contrapeso de las potencias occidentales. Una victoria de Flávio Bolsonaro podría llevar al país al Escudo de las Américas, una coalición de cooperación militar contra el crimen organizado que ya respalda, por ejemplo, el despliegue de militares estadounidenses en Ecuador.

En el ámbito comercial, Brasil mantiene una estrecha dependencia de Pekín. China es el principal comprador de materias primas brasileñas, como soja, petróleo y hierro, y un inversor fundamental en la red eléctrica, las infraestructuras y la transición energética. El gigante asiático también busca garantizarse el acceso a las reservas brasileñas de tierras raras, las segundas mayores del mundo, esenciales para su industria tecnológica avanzada.

Malamud señala que los gobiernos de derechas de la región se apoyan en Estados Unidos en seguridad y defensa, aunque mantienen sus relaciones económicas y comerciales con China. Ese patrón ya se observó durante la Presidencia de Jair Bolsonaro y se repite con Javier Milei en Argentina, Daniel Noboa en Ecuador y José Antonio Kast en Chile.

Respecto a los BRICS, Lula impulsa una ampliación hacia el Sur Global. Según García-Herrero, economista jefe de Asia-Pacífico en Natixis, un Gobierno más próximo a Washington enfriaría el activismo de Brasilia en el grupo, pero no provocaría su salida. Brasil, además, ya ejerce de contrapeso frente a China y Rusia en los intentos de convertir el bloque en una alianza antioccidental.