El desafío de la emancipación juvenil en Europa: un análisis económico
Durante la última década, la edad media de emancipación de los jóvenes en la Unión Europea ha oscilado alrededor de los 26 años. Según los datos, los países nórdicos lideran la lista, donde es más común que los jóvenes se independicen a los 20 años. En contraposición, encontramos países como Croacia, Eslovaquia, Grecia, Bulgaria y España, donde los jóvenes tienden a abandonar el hogar parental después de los 30 años.
En el caso de España, la cifra ha ido en aumento durante los últimos 20 años: en 2010, la media era de 27 años. Como advierte Josep Maria Raya, director de la Cátedra ‘Habitatge i Futur’ de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y de la Associació de Promotors i Constructors d’Edificis de Catalunya (APCE), este es un indicador clave de que algo va mal.
Un reciente estudio, elaborado en colaboración con la estudiante Júlia Cañete, aborda el tema. En Catalunya, por ejemplo, la edad de emancipación se ha retrasado hasta los 29,8 años. Entre las causas más evidentes se encuentra el incremento del 53% en los precios de los alquileres desde 2015, y la disminución de más de un 10% en la renta per cápita durante el mismo período, a causa del escaso aumento de los salarios y el encarecimiento de la vida.
Factores determinantes en la independencia juvenil
La combinación de estos factores plantea serios problemas para la emancipación de los jóvenes. Los salarios de las personas menores de 25 años apenas han variado en quince años, manteniéndose en torno a los 1.000 euros mensuales de media. A su vez, los salarios de aquellos con hasta 35 años fluctúan entre 1.500 y 2.000 euros, aunque rara vez alcanzan el rango superior. Además, la temporalidad laboral sigue siendo un problema en España: el 70% de los contratos firmados por la población más joven son temporales.
Otro factor determinante es el precio de la vivienda de compra, que ha vuelto a niveles similares a los de antes de la burbuja inmobiliaria. Según Raya, en Catalunya, para los mayores de 30 años, comprar una vivienda supone una inversión de 8 años de salario de media, y para los menores de 25, entre 10 y 14 años. Además, el acceso al crédito se ha vuelto más restrictivo, complicando aún más la situación.
Factores culturales y propuestas de soluciones
Además de los factores económicos, también influyen elementos culturales como el género, el estado civil o la educación. Por ejemplo, el porcentaje de parejas casadas en relación con el total ha disminuido, y es más difícil emanciparse solo que en pareja. Además, ha aumentado el porcentaje de personas con formación académica, lo que retrasa la edad de emancipación, ya que aumenta el número de años en los que no se percibe un salario.
Según Raya, si no se producen cambios, los jóvenes estarán peor dentro de diez años. Para afrontar este problema multifactorial, propone soluciones multifactoriales: aumentar los estudios duales para que los jóvenes se formen y trabajen a la vez, explorar formas de reducir la temporalidad laboral y desarrollar más políticas públicas en relación con la vivienda, como aumentar la oferta o facilitar el acceso a la propiedad.
Por último, Raya y el presidente de la APCE, Xavier Vilajoana, se mostraron reticentes a las políticas de regulación de precios o a imponer obligaciones a los propietarios de vivienda. Según ellos, cualquier regulación reduce la oferta, lo que se refleja en la disminución de inversores y en consecuencia, en el colapso de la oferta. En su lugar, proponen incentivar la diversificación de la oferta para resolver el problema a largo plazo.
