El 75% de la producción agrícola de la UE depende de las abejas

El declive de las poblaciones de abejas es una preocupación que ha estado en el radar de los expertos durante años. Estos grandes polinizadores del planeta juegan un papel crucial en nuestro ecosistema. Sin ellos, ir al supermercado y encontrar una variedad de frutas y verduras sería un desafío. Además, la restauración de su hábitat natural no es el único medio de apoyo; también podemos ayudar a estas criaturas desde nuestros balcones, terrazas, parques y solares urbanos.

Las amenazas que enfrentan las 20.000 especies de abejas calculadas en el mundo son diversas. Entre las causas más destacadas están la destrucción y degradación de su hábitat, los monocultivos extendidos, el uso excesivo de herbicidas, fungicidas e insecticidas, la invasión de especies exóticas y los efectos del cambio climático, como el aumento de la temperatura y la sequía.

La prioridad para la humanidad debería ser frenar estos factores. La razón es simple: gran parte de la producción de alimentos depende de estos insectos. Sin las abejas, desaparecerían muchas clases de frutas y hortalizas, y la producción de otras disminuiría drásticamente, lo que incrementaría enormemente sus precios.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), 71 de las 100 especies de cultivos que proporcionan el 90% de los alimentos en todo el mundo son polinizadas por abejas. En Europa, las abejas polinizan el 84% de las especies vegetales y el 75% de la producción agrícola, aportando un valor económico estimado en 14.200 millones de euros al año.

Es importante diferenciar entre la abeja de la miel y las demás especies, generalmente calificadas como «silvestres». Mientras que la abeja de la miel se beneficia de la creciente apicultura y no se considera en peligro, las abejas silvestres enfrentan una situación más difícil. La sequía y el calentamiento global están afectando seriamente a estas especies, ya que la mayoría carecen de sistemas internos para regular su temperatura y su ciclo de vida depende de la temperatura exterior.

En Europa, se calcula que más del 9% de las especies de abejas está en peligro de extinción, y a nivel global, el 46% de los abejorros, que son polinizadores muy eficientes, también están amenazados. Esto tiene enormes consecuencias para los ecosistemas y la agricultura.

La buena noticia es que estamos a tiempo de revertir la situación, siempre que se trabaje en la recuperación y conservación de hábitats naturales, se apliquen mejoras en la agricultura y se les apoye desde las ciudades. En la agricultura, esto implica restringir al máximo el uso de químicos y nunca aplicarlos cuando las flores están abiertas.

Desde las ciudades, se pueden favorecer a las poblaciones de abejas con medidas muy simples y, además, baratas. Por ejemplo, se puede evitar en los espacios verdes urbanos plantas que no gustan a la mayoría de abejas, y optar por otras que las atraen irresistiblemente. Además, se puede dejar de segar parques, jardines y solares públicos y privados cuando las mal denominadas «malas hierbas» están en flor.

Para concluir, si queremos mantener nuestra variedad de alimentos y proteger nuestros ecosistemas, es crucial que tomemos medidas para proteger a las abejas. Ya sea a través de la restauración de su hábitat, la aplicación de mejores prácticas agrícolas o el apoyo desde nuestras ciudades, todos podemos desempeñar un papel en la protección de estos vitales polinizadores.