Los últimos años fueron inusuales, tanto desde el criterio general como desde el económico. A la pandemia le siguió un periodo de muy, muy alta inflación impulsado por la guerra de Ucrania que ha empujado a los bancos centrales a llevar a cabo la política monetaria mucho más combativa de las últimas 4 décadas para batallar el exceso de demanda y el repunte de los costos de la energía, entre otros muchos. El comienzo de este nuevo período económico va a traer consigo esenciales cambios en relación a la década, cambios que los inversores tienen que entender si desean hallar las mejores ocasiones en el mercado y resguardar sus carteras.
Primeramente, apuntan desde Schroders, los bancos centrales cambiaron la manera van a dar prioridad al control de la inflación sobre el desarrollo, pero eso conlleve ocasionar recesiones. “La posibilidad de que se genere este ámbito queda patente en los modelos de interés oficiales “reales” (tras la inflación). En los últimos tiempos llegaron a ser realmente negativos, ayudando al incremento de la inflación, pero en la mayor parte de los países están volviendo a subir”, comentan desde la gestora británica.
“La intensidad de la inflación pide que las clases de interés prosigan subiendo en un corto plazo y se contengan mucho más altos a lo largo de mucho más tiempo, puesto que no es muy probable que los bancos centrales flexibilicen su política para respaldar el desarrollo a lo largo de cierto tiempo”, agregan.
Por otra parte, ya que las medidas de los bancos centrales van a frenar el desarrollo, la firma londinense cree que los Gobiernos se mostrarán “mucho más activos” en sus resoluciones fiscales y de gasto. “Procurarán contribuir a los hogares y las compañías a sobrepasar la recesión económica. Estas medidas fiscales podrían ingresar en enfrentamiento con las actuaciones de los bancos centrales y ocasionar una mayor indecisión”, comentan.
En este sentido, los cómputos públicos aún no se han recuperado de los costos de la pandemia y, a pesar de que la subida de las clases de interés presiona a los Ejecutivos a fin de que apliquen medidas de austeridad, todo apunta a lo opuesto. “Los Gobiernos podrían usar políticas redistributivas y utilizar impuestos mucho más superiores a los ciudadanos ricos o a las compañías consideradas adjudicatarias de las situaciones recientes, como forma de sostener o acrecentar ciertos costos”, resaltan, mientras que apuntan el episodio causado por el ‘mini-budget’ de Truss como un aviso de lo que va a suceder si se ve otro choque de políticas afín.
CHINA-EEUU; TECNOLOGÍA; CAMBIO CLIMÁTICO
También, la relación entre China y Occidente va a ser otro aspecto a tomar en consideración de cara a los próximos años. La pandemia de Covid-19 y los rigurosos cierres chinos puso de manifiesto el riesgo de depender exageradamente del enorme asiático, al tiempo que los últimos movimientos geopolíticos no hicieron sino más bien acrecentar la distancia que divide las dos partes, singularmente a Washington y Pekín, lo que “podría conducir a un mayor proteccionismo por las dos partes”.
“En contestación a estas situaciones, las compañías se están proponiendo diversificar su producción y trasladarla mucho más cerca de casa. Esto quiere decir que una de las considerables fuerzas deflacionistas de las últimas décadas, el desarrollo de la producción de bajo coste en China se está haciendo más débil y probablemente halla fatigado su curso”, apuntan desde Schroders, al unísono que resaltan el cambio de pensamiento: la globalización puede continuar ayudando a achicar los costos conforme la producción se traslada a nuevos países, pero las ventajas simples “pasaron a la historia”, puesto que las compañías dan poco a poco más relevancia a la seguridad del suministro.
La deslocalización asimismo está afectando desde el criterio laboral. La escasez de mano de obra, que obedece a causantes demográficos, tal como a causas políticas, como el freno a la inmigración, hicieron que el poder en las negociaciones salariales vuelva a recaer sobre los trabajadores. Esto está admitiendo a los trabajadores reclamar mayores incrementos salariales en contestación al incremento del coste de la vida. Simultáneamente, los costos normativos y la fiscalidad asimismo han incrementado, conformando una seria amenaza a los márgenes de beneficio de las compañías.
“Para resguardar los márgenes de provecho, las compañías tienen una vía clara para acrecentar la eficacia: la tecnología. Esto quiere decir invertir y adoptar un mayor empleo de robots y también IA (inteligencia artificial) en el momento en que sea posible”, señalan desde la gestora londinense; esta inclinación creció “de manera fuerte” en Asia y Australia y hay margen para Europa y USA se pongan cada día. “De la misma manera, ciertos campos, como la fabricación de vehículos, fueron los primordiales adoptantes, al paso que otros, como la agricultura, se quedaron atrasados”, agregan.
Finalmente, la pelea contra el cambio climático es prioritaria. Pero, más allá de que es verdad que sus consecuencias serían gigantes, desde Schroders avisan que las medidas adoptadas para frenarlo están resultando “inquietantes” a corto plazo. “Los Gobiernos han retrasado en regularse y accionar en contestación a la urgencia climática, con lo que las compañías tomaron la idea”, sentencian.
“La transición a las energías renovables provocará un incremento estructural de la inflación de múltiples formas. Primeramente, con el coste de hacer la aptitud precisa. Seguidamente, con el mayor coste inicial de mudar a una fuente de energía mucho más cara. En tercer sitio, los costos impuestos mediante la regulación para forzar el cambio, conforme los diferentes países y bloques aceleran sus políticas”, comentan desde la firma británica.
Con todo, la amenaza del cambio climático “impulsará probablemente una mayor inversión en resoluciones tecnológicas” que, de tener éxito, podrían ayudar a achicar el encontronazo inflacionista y progresar los desenlaces de las economías de todo el planeta.
