Un estudio interpreta el gran ábside junto al teatro de Itálica como templo de culto al emperador Augusto

El Arqueólogo Álvaro Jiménez Sancho Revela Nuevos Hallazgos en Itálica

El arqueólogo Álvaro Jiménez Sancho ha realizado un estudio que arroja luz sobre los restos arquitectónicos descubiertos en las inmediaciones del teatro de la antigua ciudad romana de Itálica (Santiponce, Sevilla). El paramento absidal, que se cree que fue erigido durante el reinado del emperador Augusto, ha sido interpretado como parte de un edificio dedicado al culto a la figura de Augusto.

En su estudio titulado «Acerca del gran ábside junto al teatro de Itálica: ¿Aedes Augusti?«, Jiménez Sancho se centra en el gran muro de planta curva construido en ‘opus incertum’ y sillares, ubicado a los pies del cerro de San Antonio. Este elemento arquitectónico ha sido considerado previamente como parte de la cerca defensiva de la ciudad debido a los vestigios de la muralla italicense encontrados en las proximidades.

Reevaluación de la Función del Paramento Absidal

El ábside, con un diámetro exterior de 18,5 metros y un interior de 16 metros, se encuentra unido a un muro de 26 metros de longitud. Su aspecto actual es el resultado de las restauraciones realizadas entre 1988 y 1990 y las excavaciones de 2015.

Jiménez Sancho recuerda en su estudio la tesis doctoral de Oliva Rodríguez Gutiérrez publicada en 2004, en la que ya se planteaba una interpretación que descartaba la función defensiva del gran muro curvo. Sin embargo, este elemento arquitectónico continuó siendo incluido en las distintas reconstrucciones del recinto amurallado de la ciudad italicense.

El arqueólogo interpreta los restos conservados del paramento curvo como parte de un edificio de planta cuadrada de 576 metros cuadrados útiles, con un gran ábside en el lado norte y dos exedras rectangulares a levante y poniente.

En la antigua Roma, los edificios con ábsides curvos anteriores al cambio de era son escasos. Su origen y uso en la arquitectura religiosa ha sido objeto de estudio por varios especialistas.

Jiménez argumenta que el teatro es el tipo de edificio más representativo del régimen instaurado por Octaviano. La proliferación de este tipo de construcciones en todo el Imperio fue una iniciativa promovida directamente desde Roma. El teatro era un espacio polivalente al servicio de la vida política en todos los niveles (imperial, provincial y local) y un lugar de encuentro de las distintas esferas administrativas.

El Teatro de Itálica y el Culto a Augusto

En el caso del teatro de Itálica, la referencia explícita al culto a Augusto en dos inscripciones descubiertas en la ‘orchestra’ del recinto escénico lleva al investigador a plantear que el edificio absidal no puede ser considerado un inmueble administrativo, sino que su localización asociada al teatro permite relacionarlo con los actos que tenían lugar en el mismo, en los que la figura del emperador era el elemento principal.

Jiménez sostiene que este edificio, con un enorme ábside, habría sido la aedes Augusti de Itálica, un templo dedicado al culto imperial y a la memoria del emperador Augusto.

Para respaldar esta teoría, el arqueólogo señala el paralelismo con un edificio de características similares en la antigua Pompeya, sepultada por la erupción del monte Vesubio en el año 79 de la era actual. Este edificio también presentaba un gran ábside en la cabecera y una exedra rectangular en cada uno de los lados.

Un Proyecto Único

En sus conclusiones, Jiménez conecta el edificio absidal con los vestigios arquitectónicos conservados en el actual mirador del teatro. Este espacio, de casi 500 metros cuadrados, habría formado parte de un recinto monumental o templo construido sobre una terraza artificial sobre el recinto escénico.

El arqueólogo considera que el teatro, el edificio absidal y el templo situado sobre la terraza artificial forman parte de un proyecto único que engloba tres edificios vinculados por la relación espacial que la ciudad establecerá con la figura de Augusto. Según Jiménez, Itálica, como municipio orgulloso, desarrolló su propia arquitectura en la medida de sus posibilidades, materializando espacios y formas que se asemejaban o inspiraban en otros complejos de ciudades, capitales provinciales de estatus colonial.