En diciembre de 2014, la Corona Española anunció la implementación de un nuevo Código Ético, una medida diseñada para regular los obsequios que los miembros de la Familia Real pueden aceptar. Este código, pionero en su naturaleza, fue presentado con el propósito de adaptar la Corona a la Ley 19/2013, que ya regula en materia de regalos a los políticos y altos cargos de todas las Administraciones públicas.
El código, que fue ampliamente cubierto por el diario ABC, establece que los miembros de la Familia Real no aceptarán para sí regalos que superen los usos habituales, sociales o de cortesía, ni aceptarán favores o servicios en condiciones ventajosas que puedan condicionar el desarrollo de sus funciones. Este régimen distingue entre regalos personales e institucionales, estableciendo que los obsequios de carácter institucional se incorporarán al Patrimonio Nacional.
Sin embargo, menos de un año después de la implementación de este Código Ético, el Rey Emérito Juan Carlos I fue objeto de controversia cuando recibió un nuevo yate como regalo. Aunque inicialmente se declaró que el yate era una adquisición personal, la realidad era que sus amigos Campos y Cusi habían adquirido el «Ian», un «seis metros» construido en 1929, en Lovisa, en el sur de Finlandia, para ponerlo a su disposición.
El Código Moral de Felipe VI, según ABC, prohíbe a los miembros de la Familia Real aceptar regalos que por su alto valor económico, finalidad o interés comercial o publicitario, o por la propia naturaleza del obsequio, puedan comprometer la dignidad de las funciones institucionales que tengan o les sean atribuidas. Este régimen de regalos afectaría exclusivamente a los miembros de la Familia Real, pero no a los familiares del Rey, por lo que las Infantas Doña Elena y Doña Cristina no estarían obligadas a su cumplimiento.
Los regalos considerados institucionales son los ofrecidos por las autoridades anfitrionas y los organizadores de actos y visitas nacionales o internacionales. Los regalos que no pueden incluirse en la categoría de institucionales tendrán la consideración de personales, que solo se podrán aceptar cuando no pueden los usos sociales y de cortesía. Cuando excedan esos usos, seguirán el mismo tratamiento que los institucionales o serán cedidos a una entidad sin ánimo de lucro que persiga fines de interés general.
La norma incluye supuestos especiales, que prohíben a los miembros de la Familia Real aceptar préstamos sin interés o con interés inferior al normal del mercado, ni regalos de dinero. En este último caso se procederá a su devolución o será donado.
Además del asunto del yate, Juan Carlos I también fue objeto de controversia cuando se descubrió un lujoso dúplex en el complejo Domaine Rochegriese de Suiza, que Juan Carlos y su amiga, la falsa princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, habían disfrutado durante tres años. Este apartamento, que costaba la increíble cantidad de 7.000 euros diarios, disponía de 300 metros cuadrados a lo largo de los que se reparten el salón, el comedor, una cocina americana, un despacho y tres habitaciones (dos de ellas en la planta superior) con baño en suite.
Este tipo de comportamiento ha provocado indignación entre el público español, que ha cuestionado la sinceridad del antiguo monarca cuando pidió perdón por el incidente de Bostwana en 2012, prometiendo portarse bien y no volver a ocurrir. Sin embargo, a la luz de estos recientes descubrimientos, muchos se preguntan si esta promesa fue simplemente una mentira.
