En el mundo del ciclismo, las leyendas nunca mueren. Siguen vivas en los corazones de los aficionados, en las historias que se transmiten de generación en generación y, cada tanto, en las nuevas estrellas del deporte que surgen para recordarnos a esos grandes de antaño. Tal es el caso del ciclista esloveno Tadej Pogacar, quien, tres décadas después de que el ruso Piotr Ugrumov hiciera sufrir a Miguel Induráin en el Giro de 1993, se ha convertido en la nueva leyenda del santuario de Oropa.
Treinta años atrás, Induráin, uno de los más grandes ciclistas de la historia, se enfrentó a Ugrumov en las laderas de Oropa. En aquel entonces, el ruso era una máquina infernal del equipo Gewis-Ballan, considerado por muchos como el equipo con el maillot más bonito diseñado en la historia del ciclismo. Induráin padeció ante la potencia de Ugrumov y, un año después, ante la de otro ruso, Eugeni Berzin, quien finalmente lo derrotó en el Giro de 1994.
Oropa también fue escenario de la última hazaña de Marco Pantani, cuando, tras una avería en su bicicleta, logró una remontada épica que culminó en victoria. Sin embargo, el triunfo se transformó en tragedia cuando, un día antes de ser coronado campeón del Giro, un análisis de sangre reveló un alto nivel de hematocrito, lo que resultó en su descalificación y, en última instancia, marcó el principio del fin de su carrera.
Ahora, en ese mismo santuario de la tradición ciclista moderna, Pogacar ha dejado su marca. Con su estilo único, el esloveno desplegó todo su poderío en la bicicleta tras el último esfuerzo de su compañero de equipo Rafal Majka. Su acelerón y la fuerza con la que pedaleaba dejaron a todos los demás ciclistas a la zaga, incluido el australiano Ben O’Connor, quien intentó sin éxito seguir su rueda.
La etapa incluía dos puertos de tercera categoría controlados por el UAE Team Emirates, el equipo de los Emiratos Árabes a los que pertenece Pogacar, y culminó con un puerto de categoría especial en Oropa. A pesar de sufrir un pinchazo y una caída sin consecuencias, Pogacar demostró en los últimos cuatro kilómetros que es, sin duda, el ciclista a batir.
Entre los corredores que intentaron mantener el ritmo de Pogacar se encontraban Geraint Thomas, Cian Uijtdebroeks, Einer Rubio, Daniel Martínez y el español Juampe López. Sin embargo, todos ellos quedaron relegados ante el impresionante desempeño del esloveno, que cruzó la línea de meta con medio minuto de ventaja sobre el resto del grupo.
Con esta victoria, Pogacar se une al selecto club de ciclistas que han ganado etapas en el Giro, el Tour de Francia y la Vuelta a España. «No hay muchos corredores que puedan decir que han ganado etapas en el Giro, el Tour y la Vuelta», se jactó Pogacar tras la carrera, con la maglia rosa de líder en sus hombros.
Después de esta hazaña, Pogacar y su equipo se tomarán un merecido descanso. Sin embargo, hay pocas dudas de que el esloveno volverá a ser el centro de atención en las próximas etapas. Porque así es como se hacen las leyendas.
