Un vistazo a la mente de Joaquín Ferrándiz: el asesino de cinco mujeres
«Yo no era un cazador nocturno, no era un depredador como me etiquetaban», estas son las palabras de Joaquín Ferrándiz, un hombre que ha pasado los últimos doce años encerrado en una celda. Aunque se resistió a la etiqueta de depredador, Ferrándiz es conocido por ser el asesino de cinco mujeres. Su recorrido por las cárceles de Castellón y Meco en Madrid, y finalmente Herrera de la Mancha en Ciudad Real, una prisión diseñada con las medidas de seguridad más estrictas, pone de manifiesto la gravedad de sus crímenes.
El nombre de Ferrándiz se une a una lista sombría de otros reclusos de Herrera de la Mancha, incluyendo a Miguel Carcaño, asesino de Marta del Castillo; Tony King, responsable de las muertes de Rocío Wanninkhof y Sonia Carabantes; Patrick Nogueira, quien mató a sus tíos y primos en Pioz; José Bretón, el asesino de la Baraja; y Miguel Ricart, coautor del crimen de Alcàsser.
A pesar de la notoriedad de sus crímenes, Ferrándiz mantuvo un comportamiento ejemplar durante su tiempo en prisión. Fue condenado por violar a María José, pero siempre se supo que era el asesino de cinco mujeres. Se abstuvo de peleas con otros reclusos y no tuvo problemas con los funcionarios de la prisión.
La aceptación de su culpabilidad
En 2010, Ferrándiz aceptó participar en un programa de la Universidad Camilo José Cela. El programa, una investigación de criminología, se centró en la prevención delincuencial y tomó como muestra a dieciséis asesinos y violadores, incluyendo a Ferrándiz. A través de varias entrevistas y cuestionarios con los criminólogos Paco Pérez Abellán y Carmen Balfagón, Ferrándiz comenzó a entender mejor su propio comportamiento.
A pesar de su autoconocimiento recién adquirido, Ferrándiz se muestra desconcertado por qué «saltó esa tecla». En una de las sesiones, declaró: «Estaba como amargado, siempre lo he hablado con los psicólogos que me han tratado…». Cuando le preguntaron por qué cometió sus crímenes, respondió: «Esa es la pregunta del millón.»
Ferrándiz atribuye su comportamiento a «un cóctel de pequeñas cosas» que le hicieron explotar. Diez minutos antes de cometer sus crímenes, dice que no tenía intención de hacer daño a nadie. Sin embargo, una vez que cometió sus actos violentos, intentó ignorarlos por completo. «Después viene la hipocresía y el cinismo de decir ‘yo no he hecho nada’, yo no he hecho nada y no quiero saber nada'», confesó.
El peso de las decisiones pasadas
Pasaron más de 20 años antes de que Ferrándiz reconociera su culpabilidad en la violación de María José. Su admisión tardía de culpabilidad resalta la gravedad de sus crímenes y el impacto duradero que han tenido en sus víctimas y en la sociedad en general. Sin embargo, a pesar de su aceptación de su culpabilidad, Ferrándiz sigue siendo evasivo sobre los detalles de sus crímenes.
Ferrándiz afirma que nunca conoció a ninguna de sus víctimas antes de sus encuentros fatales. Sin embargo, un informe de la Guardia Civil sugiere lo contrario. Cuando se le preguntó sobre esto, Ferrándiz simplemente respondió: «Siempre se dicen muchas tonterías».
A medida que Ferrándiz continúa su tiempo en prisión, sus palabras y acciones sirven como un recordatorio inquietante de la capacidad humana para la violencia y la crueldad. Aunque se resiste a la etiqueta de «depredador», sus crímenes y su falta de remordimiento evidente dicen lo contrario.
