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Todos los seres vivos que habitan el planeta dependen de los recursos naturales para subsistir. Y nosotros, los humanos, no somos ninguna excepción. Según destaca el último informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), más del 50% de las actividades socioeconómicas de nuestra especie dependen directamente de la naturaleza y de los recursos que esta ofrece. En términos monetarios, estaríamos hablando de al menos 58 billones (millones de millones) de dólares al año, el equivalente a más de la mitad de la economía global y del PIB. «Aun así, a día de hoy se sigue invirtiendo en actividades que perjudican al planeta. Todo por el beneficio material de unos pocos y, sobre todo, por mantener una visión a corto plazo», afirma Marta Rivera Ferre, investigadora española de INGENIO (CSIC-UPV) y coautora del informe ‘Nexus’.

El Impacto Económico de la Naturaleza

El informe del IPBES resalta cómo la biodiversidad y los servicios que nos proporciona son fundamentales para el desarrollo sostenible. La dependencia de los recursos naturales no solo es una cuestión de supervivencia, sino también un pilar económico crucial. Las actividades como la agricultura, la pesca y el turismo dependen en gran medida de la salud de nuestros ecosistemas. Sin embargo, el modelo económico actual sigue favoreciendo prácticas que, a largo plazo, podrían resultar insostenibles.

Un porcentaje significativo de la actividad económica mundial está vinculado a la explotación de los recursos naturales. Esto incluye no solo la extracción de materias primas, sino también el uso de bienes y servicios que la naturaleza nos proporciona de manera gratuita. La gestión sostenible de estos recursos es esencial para garantizar que las futuras generaciones puedan disfrutar de los mismos beneficios que nosotros.

La investigadora Marta Rivera Ferre subraya la importancia de cambiar el enfoque hacia un modelo de desarrollo más sostenible. Esta transformación requiere un análisis profundo de los impactos ambientales de las actividades económicas y la implementación de políticas que promuevan el uso responsable de los recursos naturales.

Según el IPBES, el costo de no actuar es significativo. Los efectos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la degradación de los ecosistemas ya están afectando a las economías de todo el mundo. El informe destaca que la inversión en la conservación y la restauración de la naturaleza no solo es una estrategia ambiental, sino también una inversión económica sólida.

La comunidad internacional tiene un papel crucial que desempeñar en este ámbito. La colaboración entre gobiernos, empresas y organizaciones no gubernamentales es esencial para promover un cambio significativo. El IPBES señala que la adopción de prácticas sostenibles podría generar nuevas oportunidades económicas y mitigar los riesgos asociados con la degradación ambiental.

Para más información sobre el impacto económico de la biodiversidad, puedes visitar este enlace externo.

En conclusión, si bien los desafíos son considerables, existen oportunidades para transformar nuestras economías hacia un modelo que sea resiliente y sostenible. El tiempo de actuar es ahora, antes de que los costos de la inacción se vuelvan insuperables. Fuente de información: El Periódico