Nacida en 1997 en Palencia, Clara Tomé se adentró en el mundo de la moda como modelo mientras estudiaba derecho. Con esfuerzo y dedicación, se abrió camino en la industria, colaborando con grandes marcas y desfilando en pasarelas internacionales. Sin embargo, con el tiempo, Tomé comenzó a percibir los problemas inherentes a la industria en la que trabajaba.
«Durante unos años, el deseo de triunfar en la moda me cegó. Pero, cuánto más tiempo pasaba, más consciente me volvía de lo que estaba mal», explica Tomé. Según ella, la industria de la moda es insostenible, siendo una de las más contaminantes del planeta y ocultando prácticas de explotación laboral. Hoy en día, Tomé se ha convertido en activista ambiental, embajadora del Pacto Climático Europeo y miembro de la red de ‘verificadores climáticos’ impulsada por las Naciones Unidas, TikTok y Purpose.
No es común que una modelo critique a la industria de la moda, un sector que tiende a ver a las modelos como maniquíes sin voz ni voto. Pero Tomé cree que es hora de que las modelos, desde dentro del sistema, denuncien las prácticas insostenibles de la industria. «Solo necesitamos que algunas den el paso para iniciar un efecto dominó y que la gente sea cada vez más consciente del problema», afirma.
Uno de los problemas que más le preocupan a Tomé es la producción masiva de ropa. La gente no es consciente de la enorme cantidad de ropa que se produce y se desecha. Las marcas de moda rápida contratan a varias modelos para posar con entre 100 y 150 conjuntos al día, cinco días a la semana, de forma constante. Muchas de estas prendas terminan en vertederos del sur global, sin estrenar y con las etiquetas puestas.
Los consumidores compran demasiada ropa, en gran medida debido a la presión de la industria para mantenerse al día con las últimas tendencias. Con el auge de los ‘influencers’, que promocionan las compras compulsivas en marcas de moda rápida, se están creando necesidades que no existen, especialmente entre la población joven.
La facilidad para comprar ropa barata en internet, producida en la otra punta del mundo, es otro problema significativo. Detrás de estas prendas hay prácticas ambientales insostenibles, explotación de recursos naturales, contaminación y condiciones laborales precarias. «Comprar una camiseta de dos euros por internet es comprar contaminación y explotación laboral», advierte Tomé.
A pesar de que cada vez son más las marcas que afirman comprometerse con la sostenibilidad, Tomé se muestra escéptica. Muchas adoptan estas posturas para atraer a más consumidores, pero en realidad, su esfuerzo por ser «sostenibles» tiende a ser mínimo. Según Tomé, el problema de la moda no se soluciona con una colección sostenible, sino cambiando el sistema.
Para combatir estos problemas, Tomé y otras activistas promueven la ‘desinfluencia’, es decir, explicar qué hay detrás de la moda rápida y ofrecer alternativas de consumo. Esto implica mostrar la realidad detrás de esta industria y replantear por qué consumimos y cuál es nuestra responsabilidad como ciudadanos.
Aunque la crítica de Tomé a la industria de la moda puede parecer contraproducente, dado que aún depende de ella para sus ingresos, ella está decidida a usar su plataforma para concienciar sobre estos problemas y mostrar que existen alternativas. En su opinión, la moda debería implicar entender los aspectos sociales y medioambientales que hay detrás de cada prenda. Comprar lo mínimo indispensable, apostar por la ropa de segunda mano y reutilizar lo que ya se tiene son algunas de las prácticas que Tomé defiende para convertir la moda en una industria más sostenible.
