Catorce años dan para mucho. Sánchez Monteseirín aún era el alcalde de Sevilla, y prácticamente se acababa de estrenar la primera ―y de momento única― línea de metro. Alejandro Valverde era el vigente campeón de una Vuelta Ciclista a España que quería conseguir una personalidad propia, unos rasgos identitarios que la volviesen única y atractiva por sí misma para el pelotón internacional. Y, como Sevilla siempre está en los momentos importantes de la historia, no pudo ser sino en la capital hispalense donde tuvo lugar la puesta de largo del ahora icónico maillot rojo de líder.
Corría el verano de 2010 y la ciudad acogía la etapa inaugural de aquella edición de la ronda española, una singular contrarreloj por equipos que recorrió los lugares más emblemáticos de Sevilla en horario nocturno. Aquel día, Mark Cavendish tuvo el privilegio de ser el primero en enfundarse ‘la Roja’. Desde entonces, los caminos de la Vuelta y la capital de Andalucía no habían vuelto a cruzarse… hasta este miércoles 21 de agosto.
En diciembre se conocía que Sevilla volvería a ser ciudad de etapa de la carrera ciclista más importante de España casi tres lustros después, una apuesta del nuevo Gobierno municipal de José Luis Sanz, bajo cuyo mandato en la vecina localidad de Tomares se propiciaron dos llegadas de la Vuelta, en 2017 y 2022.
Ahora, la capital andaluza ha sido la encargada de acoger la meta de la quinta etapa de la carrera, la más llana de toda la edición, con 177 kilómetros sin ninguna dificultad montañosa desde la localidad extremeña de Fuente del Maestre. Una presencia que, tal y como ha destacado el delegado de Urbanismo, Juan de la Rosa, se espera que deje un impacto económico de unos 250.000 euros y una ocupación hotelera de unas 3.000 plazas hoteleras en la ciudad.
El calor, el gran protagonista
Desde el primer momento, y como no podía ser de otra forma dadas las latitudes del calendario en las que tiene lugar la Vuelta a España, el gran villano del día fueron las altas temperaturas. Un calor sofocante que, pese a no alcanzar los 40 grados, apretó con fuerza durante las horas centrales del día, impidiendo que las calles de la capital hispalense se llenasen de público hasta el último momento.
Esto se unía al amplio recorrido programado por la ciudad, que dividió a los valientes que decidieron desafiar al termómetro y echarse a las calles a apoyar a los corredores y celebrar la gran fiesta del ciclismo español: Pino Montano (popular barrio volcado con cada evento y en el que hay verdaderos amantes de la bicicleta), la Cartuja, la ronda histórica, el centro de la ciudad, el Benito Villamarín (donde el Real Betis desplegó una gran bicicleta para que fuera grabada por las cámaras de la carrera) y finalmente la recta de la Palmera, el paseo de las Delicias y el Paseo Colón hasta la línea de meta ubicada frente a la plaza de toros de la Real Maestranza.
Con todo, hubo tiempo para la algarabía, con celebraciones improvisadas de cumpleaños y carcajadas de niños impacientes ―muchas risas y poca diversión― que esperaban al pie de la emblemática Torre del Oro la llegada de la serpiente multicolor, que es la manida expresión con la que hace décadas se denominaba en el mundillo al pelotón de las carreras ciclistas. Un pelotón que se hizo esperar pues, después de la exigente y montañosa etapa del martes, los corredores se tomaron el trayecto hasta Sevilla con mucha calma. La demora de cuarenta minutos sobre el horario establecido provocó muchos sudores y bastante expectación entre los seguidores de un deporte muy agradecido con los aficionados por la cercanía que permite entre estos y sus ídolos.
Ídolos como Wout van Aert, que pese a llegar con un triunfo de etapa y vestido de verde, ha vuelto a dar al palo mientras la victoria al esprint se la llevaba Pavel Bittner. No menos héroes han sido todos los encargados de la logística de la carrera, tanto las propias puestas por la organización como las fuerzas de seguridad que, pese a la escasez de efectivos sin policías locales suficientes dado su rechazo a hacer horas extras, han mantenido todo el dispositivo de la carrera y de tráfico en orden en todo momento.
Muchas banderas palestinas ―aunque la primera del día fue una enorme bandera colombiana que un aficionado ondeaba en solitario a las tres y media de la tarde en pleno Paseo Colón―, camisetas del Betis, maillots clásicos del Banesto o el Kelme y decenas de botellas de agua fría han sido parte del escenario del regreso de la ronda española a la cuarta ciudad del país. Esperemos que haya que esperar menos de catorce años para que Sevilla vuelva, valga la redundancia, a estar de Vuelta. Y que la meteorología sea un poco más benévola que esta vez, si es posible.
