En un giro de eventos positivos para la ciudad de Barcelona, el tranvía ha superado sus niveles de usuarios anteriores a la pandemia y ha establecido un nuevo récord con casi 31 millones de viajeros en 2023. Esto representó un aumento del 16% en comparación con el año anterior, una hazaña impresionante teniendo en cuenta el desafío que la pandemia representó en 2020.
El vigésimo aniversario de la recuperación del tranvía, que comenzó a operar en 2004, ha sido una celebración de su contribución a la movilidad sostenible en la ciudad. La sociedad concesionaria del TramBaix y del Trambesòs, conocida como Tram, ha fortalecido un negocio considerable que genera alrededor de 80 millones de euros al año. Sin embargo, el dato definitivo no se conocerá hasta la reunión del consejo de administración de la compañía en junio. Es notable que alrededor de uno de cada cuatro euros de ingresos se convierte en beneficios.
La red de tranvías ha demostrado ser un negocio lucrativo para la concesionaria, cuyos accionistas han distribuido más de 200 millones de euros en dividendos desde que la red comenzó a funcionar. La red también ha logrado la prolongación de la conexión del Tram Besòs desde Glòries hasta Verdaguer. Las condiciones esenciales del contrato no han cambiado, según la Autoritat Metropolitana del Transport (ATM), el consorcio titular de la red que tiene una concesión hasta 2032.
El principal accionista, Globalvia, que a su vez está participado por los fondos OPTrust de Canadá, PGGM de Países Bajos y USS de Reino Unido, tiene un 40% del capital, seguido del grupo familiar catalán Moventia, propiedad de la familia Martí, con el 20%, y Alstom, con el 17%. También hay pequeñas participaciones de la francesa Transdev, Comsa, FCC y las públicas Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) y Ferrocarrils de la Generalitat.
Los accionistas de las dos compañías, que probablemente también explotarán el tramo central del tranvía en la Avenida Diagonal, han distribuido alrededor de 200 millones en dividendos sobre un beneficio neto total de unos 210 a 220 millones y un capital, es decir, los recursos que los socios realmente aportaron de su bolsillo, de unos 41,6 millones, por lo tanto, han recibido unas cinco veces lo desembolsado. El resto es deuda bancaria.
Un informe de la Sindicatura de Comptes sobre el ejercicio de 2021 cuestionaba si el modelo adoptado para explotar este servicio era o no el adecuado, dado que «disminuye y prácticamente anula cualquier riesgo que pueda asumir» la concesionaria y resulta «muy beneficioso para la empresa adjudicataria, pero con un coste que parece muy elevado para el sector público».
El sistema de contraprestación del servicio, que depende del número de validaciones, «cubre con creces todos los gastos de operación que incluyen un margen del 5% sobre los gastos directos, además de un beneficio industrial del 10% y un canon que vuelve a incluir otros gastos como los financieros o de gestión, el impuesto sobre sociedades, un beneficio que para el Trambaix es de un 26,36% y para el Trambesòs, de un 28,65% sobre el canon total previsto; y unos importes calculados sobre la tarifa media ponderada neta».
Las concesionarias del tranvía han cambiado su accionariado desde que comenzó la actividad mercantil, en 2000 en el caso de Tramvia Metropolità (TramBaix) y 2002 en el de Tramvia Metropolità del Besòs (TramBesòs). El cambio más importante se produjo en 2013, cuando entró como accionista Globalvía (entonces propiedad al 50% de FCC y de Bankia), una compañía gestora de infraestructuras, que adquirió un 30% del capital, con lo que FCC y Comsa redujeron sus participaciones y Banc Sabadell y Société Générale, que también formaban parte de las sociedades desde los inicios, salieron del capital. Desde entonces, Globalvía, que en la actualidad es propiedad de los fondos PTrust, PGGM y USS, es la principal accionista, seguida por Moventia y Alstom.
