el olvidado líder franquista que denunció los crímenes de Queipo de Llano «en nombre de la religión»

En los oscuros anales de la Guerra Civil española, la figura de Gonzalo Queipo de Llano se yergue como un cínico monumento a la brutalidad de la represión. Según estimaciones recientes de nueve universidades andaluzas, se atribuyen a Queipo de Llano la asombrosa cifra de 45.500 ejecuciones en la Región Militar Sur durante el conflicto. Solo en Sevilla, se cree que fue responsable de la muerte de 14.000 civiles, 3.000 de los cuales fueron asesinados en los primeros tres meses de la guerra.

Además de estos escalofriantes números, Queipo de Llano es famoso por su participación en la masacre conocida como la ‘Desbandá’. Esta terrible matanza vio la muerte de 5.000 personas que huían de Málaga a Almería en febrero de 1937. Lejos de ocultar su papel en este horror, Queipo de Llano presumía de él en sus arengas emitidas por Radio Sevilla, prometiendo represalias diez veces peores contra los republicanos por cada uno de sus soldados que muriera.

La brutalidad de sus discursos en la radio fue tal que incluso aquellos que inicialmente lo apoyaron en la rebelión militar de Sevilla acabaron oponiéndose a él y abandonando la lucha contra la República. Un ejemplo notable de esto fue el caso de Antonio Bahamonde, quien fue el delegado de Propaganda del gobierno franquista en Sevilla y se encontraba a las órdenes directas del despiadado general.

Sin embargo, Bahamonde no era un líder comunista ni un diputado socialista, sino un franquista convencido que había solicitado voluntariamente su cargo al lado de Queipo. Su lealtad hacia el régimen franquista cambió dramáticamente cuando presenció los crímenes cometidos por sus compañeros. Bahamonde abandonó España y la causa franquista, horrorizado por los crímenes que allí se cometían. En una entrevista concedida al ABC Republicano en diciembre de 1938, describió la espantosa cifra de 150.000 ejecutados solo en Andalucía y Badajoz hasta el momento de su partida.

Bahamonde había nacido en Madrid en 1894 o 1896. Los datos que existen de él son los que él mismo reveló en su entrevista con ABC y en dos libros que publicó. El primero, ‘Un año con Queipo. Diario de un nacionalista’ (Ediciones Españolas, 1938), lo publicó al salir de España, aunque antes de que acabara la Guerra Civil. En él cargaba contra la violencia ejercida por Queipo de Llano en Sevilla, bajo cuyas órdenes había estado hasta enero de 1938.

En su libro, Bahamonde analiza el papel de Falange y el clero, cuenta cómo se produjo la rebelión en Andalucía y cómo los franquistas, a quienes inicialmente consideraba camaradas, recurrían a la “difamación” como si fuera un arma más. El capítulo más crítico de todos los que incluye en su libro es el que hace referencia a ‘La represión’, en el que detalla cómo el terror se utilizó como única arma para lograr el triunfo.

En contraste con Bahamonde, Queipo de Llano justificó su represión por el hecho de que contaba con muy poca gente para sublevarse en Sevilla y no podía permitirse dejar vivos a potenciales enemigos. Sin embargo, esta excusa solo podría ser válida en las primeras semanas de la Guerra Civil, pero no después, cuando el bando franquista contó con la ayuda de la Alemania Nazi y la Italia de Mussolini.

La historia de la Guerra Civil española está llena de estos relatos de brutalidad y horror. La historia de Bahamonde es solo una de las muchas que ilustran la realidad de la vida bajo el régimen de Queipo de Llano y la brutal represión que se llevó a cabo en nombre del franquismo. Aunque Bahamonde pudo escapar, muchos otros no tuvieron suerte y se convirtieron en las 45.500 víctimas atribuidas a Queipo de Llano en la Región Militar Sur durante la Guerra Civil.