El 20 de abril, una ola de protestas se desató en el archipiélago de las Islas Canarias, con decenas de miles de canarios que tomaron las calles para expresar su descontento con el turismo masivo. Esta no fue la única manifestación de este tipo; un movimiento similar está programado para el 25 de mayo en Mallorca y el 20 de junio en Málaga. La industria turística se encuentra en alerta, ya que estos brotes de descontento pueden extenderse a otras ciudades, como Sevilla y Madrid.
El exitoso modelo turístico español está siendo cuestionado debido a las externalidades negativas que se están manifestando de formas muy tangibles, como problemas de tráfico, bajos salarios, crecientes costos de vivienda, disminución de la calidad de los servicios públicos y agotamiento de los recursos.
Después de la pausa causada por la pandemia, España rompió su propio récord de turismo en 2023, con 85 millones de visitantes extranjeros, un aumento del 1.9% en comparación con 2019. Estos turistas gastaron 108.662 millones de euros en el país, un 18.22% más que el año anterior.
A pesar de estos números impresionantes, la industria turística está renuente a celebrar estos «récords cuantitativos». José Luis Zoreda, vicepresidente del lobby turístico Exceltur, advierte que es una “grave irresponsabilidad seguir hablando del éxito turístico basado en batir récords de afluencia”. Según Zoreda, debemos ser conscientes de que el «crecimiento del turismo tiene límites«.
La saturación del turismo es visible a simple vista: tiendas y servicios de barrio están desapareciendo, las franquicias están proliferando en ciertas áreas, y multitudes de turistas desembarcan de los cruceros o abarrotan las calles de las principales ciudades.
Estos efectos son particularmente dañinos para los residentes, que a menudo se ven expulsados de sus barrios debido a las precarias condiciones laborales, el encarecimiento de los alquileres, la despersonalización del entorno y el aumento de la inseguridad.
Las protestas contra la saturación del turismo no son un fenómeno nuevo; comenzaron «hace siete u ocho años» en Barcelona, según José Luis Zoreda. La crisis de 2008 y la aparición de plataformas como Airbnb han sido factores clave en la masificación del turismo en muchas ciudades españolas.
Para resolver esta problemática, el sector propone poner límites al turismo, combatir la oferta ilegal de alojamiento turístico, establecer «códigos de conducta» para mejorar la contratación de empleo y la sostenibilidad medioambiental y mejorar la gobernabilidad público-privada.
Pese a que las medidas se han estado implementando, como las tasas turísticas en Cataluña o Baleares, no se ha logrado un gran éxito. Antonio Paolo Russo, profesor de la Universidad Rovira i Virgili de Barcelona y coordinador del proyecto de investigación Smartdest, sugiere que «las políticas nunca pueden actuar sobre la demanda«. Russo propone cambiar el enfoque de promoción de los destinos y regular el crecimiento y la industria a través de los aeropuertos, los puertos, los cruceros, el uso del espacio público o el precio de la movilidad hacia y dentro de los destinos.
La industria del turismo está en una encrucijada. Las protestas y el rechazo social son una señal clara de que el modelo turístico actual no es sostenible a largo plazo. Sin embargo, dada la importancia económica del turismo para España, no se puede simplemente eliminar. Se requiere un enfoque más equilibrado y sostenible del turismo, uno que beneficie tanto a los visitantes como a los residentes.
