La financiación se encarece en los mercados
Los inversores exigen cada vez mayores garantías de rentabilidad antes de prestar dinero a los Estados. En los últimos meses, los costes de financiación han aumentado a escala global, tanto en Estados Unidos como en la eurozona. El encarecimiento de la energía derivado de la guerra de Irán ha impulsado la inflación, mientras que la emisión récord de deuda soberana y corporativa ha añadido presión al alza sobre los rendimientos de los bonos.
El crecimiento de la deuda pública genera inquietud entre gobiernos, analistas, compañías y ahorradores. En las economías desarrolladas, el endeudamiento mantiene una trayectoria ascendente que todavía no parece haber alcanzado su techo. Estados Unidos, por ejemplo, superó en agosto los 40 billones de dólares de deuda, una cifra equivalente a más del 120% de su PIB. Desde el sector financiero crecen las advertencias sobre la sostenibilidad de una estrategia basada en recurrir a financiación sin límite.
Cuando un país necesita capital adicional o recauda menos de lo que gasta, suele financiarse mediante la emisión de letras, bonos u obligaciones del Estado. El Gobierno emisor se compromete a devolver el importe en un plazo determinado y a abonar un interés. Este atractivo para los ahorradores aumenta en un contexto de subida de tipos para contener la inflación, ya que se elevan los cupones. Sin embargo, en España el IPC ronda el 5%, de modo que la mayoría de bonos y letras ofrecen rendimientos inferiores a ese porcentaje.
Los rendimientos alcanzan cotas elevadas
La subida de los tipos de interés, junto a las previsiones de que continúen al alza, está afectando con fuerza a los mercados de renta fija. La deuda estadounidense a treinta años y los títulos a diez años cotizan en sus niveles más altos de las dos últimas décadas. La última vez que la renta fija de Estados Unidos registró rendimientos similares fue poco antes de la quiebra de Lehman Brothers y del colapso de las hipotecas subprime, que llevaron al mundo a un largo periodo de austeridad.
En España ocurre una situación parecida: las obligaciones a diez años se sitúan en máximos desde 2013. El efecto también se deja sentir en la economía de los ciudadanos, ya que se encarecen las hipotecas, los préstamos para estudios y los créditos empresariales cuando el mercado de renta fija atraviesa un episodio de esta magnitud.
Francia teme quedar «estrangulada» por los tipos
Unas rentabilidades más elevadas pueden resultar positivas para los ahorradores conservadores, pero preocupan a los responsables de los países con mayor deuda. Estos gobiernos temen que el aumento de los tipos termine por deteriorar sus cuentas públicas. En Francia se ha alertado del riesgo de acabar «estrangulados por los tipos de interés», dado el impacto que su ascenso tiene sobre la deuda emitida por un país.
El gobernador del banco central francés, Emmanuel Moulin, señaló recientemente en una entrevista con el Financial Times que, si este año se aprueba un presupuesto que reduzca el gasto y el déficit, como ha planteado el Gobierno, los mercados interpretarán favorablemente esa consolidación fiscal. En cambio, advirtió de que, si no se actúa, existe el riesgo de que los tipos de interés crecientes terminen por «estrangular» al país de forma progresiva.
El Gobierno de Macron ha presentado un presupuesto con recortes de gasto y aumentos de impuestos por valor de 43.000 millones de euros, con el objetivo de empezar a reducir el elevado déficit francés.
Para Manuel Pinto, analista de XTB, el problema se alimenta a sí mismo: una rentabilidad más alta de los bonos eleva el coste de las nuevas emisiones, ese encarecimiento agrava el déficit y obliga a emitir más deuda o a reducir otras partidas de gasto.
España mantiene una elevada deuda
En España, aunque la ratio de deuda sobre PIB ha bajado respecto al año pasado, el endeudamiento continúa por encima del 100% del Producto Interior Bruto. La Airef estima que el gasto público destinado a intereses alcanzará aproximadamente el 2,5% del PIB en 2026 y 2027. Esa proporción equivale a decenas de miles de millones de euros anuales que se dedicarían al pago de intereses en lugar de a los servicios públicos.
El efecto de un alza de tipos no afecta de forma inmediata a toda la deuda pública. Los Estados refinancian sus obligaciones conforme vencen, por lo que el coste medio aumenta paulatinamente. En España, la duración media de la cartera de deuda se aproxima a los ocho años, lo que funciona como un colchón frente a variaciones bruscas del mercado. No obstante, esa protección disminuye si los tipos permanecen altos durante mucho tiempo: cada nueva emisión reemplaza títulos antiguos que se emitieron a menor coste y eleva la factura por intereses.
El riesgo de unos costes elevados durante más tiempo
Más que un repunte puntual de las rentabilidades, a los analistas les preocupa que los costes de financiación se mantengan elevados de forma prolongada. En tal escenario, una porción creciente de los ingresos públicos deberá emplearse en pagar intereses, reduciendo el margen para afrontar otros gastos o responder a futuras crisis.
La situación plantea una paradoja: unos bonos más rentables pueden favorecer a los pequeños ahorradores, como refleja el elevado interés por las últimas subastas, pero una emisión de deuda sin control en un contexto prolongado de tipos altos incrementa los riesgos. El Tesoro Público prevé necesidades de financiación de 55.000 millones de euros en 2026 en España, la misma cifra que en 2025. La subida de tipos puede añadir presión a la economía española, cuyos ciudadanos ya padecen las consecuencias del shock energético provocado por la guerra de Irán al repostar gasolina.
