Decenas de científicos respaldan la posibilidad de muchos animales tengan consciencia

La revolución científica: Conciencia en animales, ¿una realidad más común de lo que pensamos?

En un giro revolucionario y potencialmente trascendental para el mundo de la ciencia, la conciencia en animales podría ser más común de lo que se creía previamente, según varios expertos de alto calibre en la materia. En una declaración pública reciente, un notable grupo de científicos sostiene que una variedad de animales, que abarca desde peces hasta insectos, podrían ser sintientes. Si esta afirmación se sustenta, podría cambiar radicalmente nuestra forma de interactuar y comportarnos con ellos.

Diversos estudios independientes han sugerido durante años que muchos animales pueden tener sentimientos e incluso conciencia de sí mismos. Los pulpos, por ejemplo, se han convertido en el epítome de esta realidad. Los estudios muestran que estos animales marinos son extraordinariamente inteligentes, capaces de resolver problemas complejos. Además, estos estudios también revelan que los pulpos pueden experimentar dolor físico y emocional, lo cual podría considerarse una prueba de su consciencia.

Consciencia en animales: más allá de los pulpos

Pero la conciencia en animales no se limita a los pulpos. Durante décadas, se ha documentado que loros, cuervos, perros, delfines, ratones y elefantes, entre otras muchas especies, demuestran comportamientos y actitudes que apuntarían a que son seres sensibles. También existen investigaciones en curso que buscan descubrir si insectos como las abejas y las moscas están dotados de consciencia.

Para profundizar en estas investigaciones, casi 200 científicos han firmado la ‘Declaración de Nueva York sobre la Consciencia Animal’, un breve pero contundente manifiesto presentado en abril en una conferencia en la Universidad de Nueva York. Esta declaración reconoce que «sigue habiendo mucha incertidumbre», pero también afirma que «hay un fuerte apoyo científico a la asignación de experiencia consciente a otros mamíferos y a las aves«.

Según este importante colectivo de científicos, «las pruebas empíricas indican al menos una posibilidad realista de experiencia consciente en todos los vertebrados (incluidos reptiles, anfibios y peces) y muchos invertebrados (incluidos, como mínimo, moluscos cefalópodos, crustáceos decápodos e insectos)”.

La conciencia se define como el conocimiento que un animal tiene de sí mismo o de su entorno. La sensibilidad, por otro lado, se refiere a la capacidad de un animal para experimentar y sentir cosas. Otro concepto relacionado es la «capacidad de sentir», que se refiere a la habilidad de un animal para tener experiencias subjetivas, como placer, dolor, miedo y otras emociones.

A pesar de las numerosas pruebas que sugieren que muchas especies animales pueden poseer estos atributos que hasta hace poco se creían exclusivos de los humanos, algunos científicos siguen siendo cautelosos. Argumentan que aún es pronto para afirmar definitivamente que estos comportamientos son necesariamente una demostración de consciencia.

Sin embargo, según declaraciones de Jonathan Birch, filósofo de la London School of Economics and Political Science y uno de los firmantes de la declaración, a la revista Nature, los científicos están tomando el tema en serio y ya no lo descartan de plano como una idea descabellada, como podrían haberlo hecho en el pasado.

Anil Seth, director del Centro para la Ciencia de la Consciencia de la Universidad de Sussex y otro de los autores de este manifiesto, ha declarado que «hay pruebas suficientes de que existe una posibilidad realista de que se produzcan algunos tipos de experiencias conscientes en especies incluso muy distintas de la humana».

La ‘Declaración de Nueva York sobre la Consciencia Animal’ plantea una perspectiva fascinante y desafiante que podría tener profundas implicaciones para nuestra relación con el reino animal. A medida que avanza la ciencia, es posible que nuestra comprensión de lo que significa ser un animal sintiente también evolucione.

Para obtener más información, consulte el artículo de referencia en Nature: https://www.nature.com/articles/d41586-024-01144-y.

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