En el primer debate de la campaña electoral de este año, Joe Biden mostró claros signos de debilidad. Su voz ronca y momentos de confusión crearon un espacio para que la campaña de Donald Trump declarara una victoria eufórica, a pesar de las tergiversaciones y equívocos del ex presidente.
Al término del debate, los demócratas parecían desolados, temiendo que un candidato impopular pudiera entregar nuevamente la Casa Blanca a Trump, tal como sucedió con Hillary Clinton en 2016. La posibilidad de reemplazar a Biden con candidatos más jóvenes resurgió tras el encuentro en Atlanta.
Desde el comienzo, Biden parecía rígido y afónico. Trump aprovechó rápidamente una respuesta confusa de su contrincante para burlarse de él. El debate no ofreció grandes propuestas o planes de futuro, sino que se centró en intercambios de insultos y críticas cada vez más ácidas.
A pesar de su debilidad, Biden tuvo momentos en que se creció, especialmente al hablar del aborto, un tema crucial para los demócratas. Sin embargo, su explicación se perdió en una confusión incomprensible de palabras, dejando a los espectadores desconcertados. Su incapacidad para comunicarse claramente minimizó los errores y estridencias de Trump.
El enfrentamiento de los candidatos
Incluso cuando Trump admitió que no descarta vengarse de quienes lo persiguieron tras salir de la Casa Blanca, la atención no se alejó de Biden y sus problemas. La imagen de un presidente de 81 años incapaz de demostrar que su edad no es un problema para gobernar el país eclipsó las controversias de Trump.
En un momento insólito en un debate de estas características, Biden forzó a Trump a negar abiertamente una alegación sexual: «No tuve sexo con una actriz porno«. Esta afirmación recordó a la negativa de Bill Clinton en 1998, cuando dijo: «No tuve relaciones sexuales con esa mujer».
Biden también aprovechó las condenas de Trump, tanto civiles como penales, y sus cargos pendientes. Trump, a su vez, sacó a relucir la condena del hijo de Biden, Hunter.
Cuando el debate terminó, los portavoces de la campaña de Trump procuraron a la prensa para proclamar la victoria de su candidato y sembrar dudas sobre el futuro de Biden. Cuando los portavoces demócratas aparecieron, parecían tensos y sombríos, sin poder ocultar el mal trago que acababan de pasar.
Los rumores sobre un congreso abierto, en el que un grupo de demócratas podría forzar un debate sobre un posible reemplazo de Biden, son ahora más fuertes que antes del debate. Las elecciones son el 5 de noviembre y las últimas encuestas muestran resultados muy ajustados.
En su estilo característico, Trump intentó adherirse al guion marcado por sus asesores, mezclando ataques a Biden con promesas de reducir regulaciones, reforzar la frontera, reducir la ayuda internacional y presionar a los socios de la OTAN para que gasten más en defensa.
Trump criticó duramente a Europa y afirmó que no ha invertido tanto dinero en apoyar a Ucrania como EE.UU. desde que Rusia invadió el país. Se comprometió a poner fin a la guerra antes de asumir la presidencia, en caso de ser elegido, el 20 de enero de 2025.
