Cataluña, la región autónoma de España, vuelve a dirigir su mirada hacia Quebec, la provincia canadiense que llevó a cabo sus propios referéndums de independencia en las décadas de 1980 y 1990. El enfoque se centra específicamente en Montreal, la ciudad más poblada de Quebec, que después de perder el referéndum de independencia por un margen estrecho, cedió su estatus como el centro financiero del país a la ciudad anglófona de Toronto, ubicada en la provincia de Ontario.
Un informe encargado por la Conselleria de Economia a la empresa Cluster Development explora el modelo que Montreal utilizó para reforzar su sector financiero después de su ‘procés’, y las consecuencias que esto tuvo. De acuerdo con el estudio, la situación de Montreal parece ser más adaptable que la de ciudades con mercados financieros más consolidados, como Luxemburgo, Fráncfort o París.
Aunque los autores del estudio advierten que no se deben buscar paralelismos entre lo que sucedió en Quebec y la situación en Cataluña, incluyendo la pérdida de sedes sociales de empresas como resultado del referéndum del 1 de octubre de 2017, es difícil pasar por alto las similitudes.
En el contexto del 1-O, Cataluña sufrió la pérdida de las sedes de miles de empresas, incluyendo las de sus dos grandes bancos, CaixaBank y Sabadell, aunque estos últimos todavía mantienen centros operativos en la región. El estudio confirma el declive de Barcelona como centro financiero, pero también destaca el crecimiento de nuevas empresas digitales y tecnológicas, como las llamadas ‘fintechs’ e ‘insurtechs’.
Finance Montreal, a través de la colaboración público-privada, se ha propuesto impulsar el sector financiero en su totalidad, con los costos compartidos equitativamente entre las partes públicas y privadas. En Cataluña, el Govern, después de años de cierta parálisis provocada por el ‘procés’, ya ha asignado a la empresa Cospace el desarrollo de un proyecto de un ‘hub’ financiero en el edificio de la Bolsa de Barcelona.
A pesar de la pérdida de la batalla por la banca y las actividades financieras más tradicionales, la esperanza ahora se centra en los nuevos negocios que están surgiendo en el ecosistema digital de Barcelona. De hecho, el estudio revela que el sector financiero en Cataluña emplea a unas 100,000 personas, lo que demuestra su importancia para la economía regional.
En resumen, a pesar de las consecuencias económicas del ‘procés’ y del referéndum de independencia, Cataluña está buscando formas de fortalecer su sector financiero y tecnológico. El modelo que se está estudiando es el de Montreal, que después de su propio ‘procés’ en los años 80 y 90, logró reinventarse como un centro financiero sólido. Aunque los autores del informe advierten que la situación en Cataluña no es idéntica a la de Quebec, existen similitudes que podrían proporcionar lecciones valiosas para la región española.
