Arabia Saudí, un país conocido por su riqueza en petróleo, está haciendo grandes avances en el mundo del deporte. El tenista Rafa Nadal, uno de los mejores de la historia, es ahora el embajador de la Federación Saudí de Tenis, una posición que le permite ser una parte integral del crecimiento y progreso del deporte en el país.
El amor de Nadal por el tenis y su deseo de ayudar a que crezca en Arabia Saudí es evidente. «Dondequiera que mires en Arabia Saudí puedes ver crecimiento y progreso y estoy entusiasmado de ser parte de eso. Sigo jugando al tenis porque me encanta este juego. Pero más allá de jugar, quiero ayudar a que el deporte crezca en todo el mundo y en Arabia Saudí existe un potencial real», afirmó Nadal.
El régimen del país ha utilizado su riqueza para atraer a algunos de los mejores deportistas del mundo, utilizando el deporte como una de las principales herramientas para diversificar y modernizar su economía a través de su programa Vision 2030. Esta estrategia, conocida como ‘sportswashing’, está siendo financiada por su riqueza en petróleo, con algunas fuentes que estiman que se han invertido hasta 10.000 millones de euros en los últimos años.
Leo Messi, otro de los grandes nombres del deporte, también ha sido atraído por Arabia Saudí. El futbolista argentino recibirá una suculenta cantidad a partir de 2022 por actuar como «embajador turístico» del país, pese a que finalmente decidió jugar en la liga estadounidense.
Sin embargo, el fútbol no es el único deporte en el que Arabia Saudí está invirtiendo. El país también se ha convertido en una potencia mundial en golf, gracias a la creación del circuito LIV en 2022. Este circuito, financiado por el Fondo de Inversión Pública (PIF), ofrece premios económicos mucho mayores que los de las principales competiciones de golf, lo que ha atraído a algunos de los mejores jugadores del mundo, incluyendo al español Jon Rahm.
Arabia Saudí también está haciendo avances significativos en el tenis. Recientemente, Riad, la capital del país, fue elegida para ser la sede del Masters Femenino WTA durante los próximos tres años. Este hecho, junto con el acuerdo firmado entre el PIF y la ATP para desarrollar el tenis a nivel mundial, y una oferta de 1.000 millones de dólares para crear un circuito mixto ATP-WTA, demuestra la seriedad de la apuesta del país por este deporte.
La ambición de Arabia Saudí en el mundo del deporte no se detiene allí. El país también tiene planes para convertirse en un referente en los deportes de motor. El mes pasado, se reveló el diseño de un nuevo circuito de Fórmula 1 en la ciudad de Qiddiyah, situada a 50 kilómetros de Riad. Este circuito, que contará con montañas rusas, desniveles imposibles y luces psicodélicas, ha dejado atónitos a los aficionados y ha recibido el elogio de Fernando Alonso, quien afirmó que «parece ser una de las instalaciones para deportes de motor más impresionantes del mundo».
En resumen, Arabia Saudí está utilizando su riqueza para invertir en una amplia gama de deportes, con el objetivo de convertirse en un referente mundial en este campo. A través de su programa Vision 2030, el país está utilizando el deporte como una herramienta para diversificar y modernizar su economía, atrayendo a algunos de los mejores deportistas del mundo en el proceso.
