Cáncer de mama

La desgarradora noticia de un diagnóstico de cáncer de mama antes de los 40 años puede ser devastadora para mujeres que aún no han tenido hijos y aspiran a la maternidad. Los tratamientos contra el cáncer pueden interrumpir el funcionamiento de los ovarios, obstaculizando la gestación. Sin embargo, un macroestudio internacional que analizó datos de casi 5.000 mujeres en 78 centros oncológicos durante dos décadas, ofrece un rayo de esperanza: estas mujeres pueden someterse a técnicas de reproducción asistida antes del tratamiento, aumentando así sus posibilidades de ser madres en el futuro.

Este estudio, presentado en el ESMO Breast Cancer 2024, el congreso europeo sobre cáncer de mama, también indica que los tratamientos de fertilidad no tienen consecuencias negativas en los embarazos de estas pacientes ni en sus bebés. «Este estudio aporta la primera prueba de que el uso de procedimientos de fertilidad es seguro en mujeres jóvenes con alteraciones de los genes BRCA1 o BRCA2, que aumentan el riesgo de desarrollar cáncer de mama y otros tipos de cáncer», explica Matteo Lambertini, profesor asociado y consultor de Oncología de la Universidad de Génova y del Hospital IRCCS Policlínico San Martino de Génova (Italia).

Las mutaciones en estos genes conllevan un mayor riesgo de padecer cáncer de mama y ovario a edades más tempranas que las personas que no tienen dicha variante. Su origen es, en su mayoría, hereditario y se conocen coloquialmente como el ‘gen de Angelina Jolie‘, en referencia a la actriz que optó por una cirugía preventiva para extirpar completamente sus senos después de descubrir que tenía dicha mutación.

En Europa se diagnostican alrededor de 557.000 tumores de mama al año, 34.000 en mujeres jóvenes menores de 40 años. De ellas, entre el 10% y 15% tienen mutaciones BRCA. Para este estudio, se comparó la evolución de 107 pacientes que se quedaron embarazadas con técnicas de reproducción asistida y 436 que concibieron de forma natural. Los resultados muestran que no hay diferencias significativas en la recurrencia de cáncer de mama entre ambas, tras someterles a pruebas durante un poco más de cinco años después del embarazo.

El hallazgo aporta una información «realmente tranquilizadora» para las pacientes jóvenes con cáncer de mama que desean ser madres y es «muy útil» en la práctica clínica, ya que los médicos podrán aconsejarlas al tomar decisiones sobre su fertilidad, según Ann Partridge, profesora de Harvard, vicepresidenta del Instituto Oncológico Dana-Farber y coautora del estudio.

La forma habitual de preservar la fertilidad en estas pacientes es congelar sus ovocitos o embriones antes de iniciar el tratamiento del cáncer de mama. Sin embargo, estas técnicas suelen implicar el uso de fármacos que aumentan los niveles de estrógeno, lo que ha despertado preocupación en la comunidad médica sobre si estos tratamientos, especialmente en pacientes con mutaciones en los genes BRCA, aumentan el riesgo de cáncer sensible a las hormonas o incrementan la posibilidad de recaída.

Ahora, después de este estudio, los médicos podrán discutir con seguridad con sus pacientes el uso de la preservación de la fertilidad antes de iniciar el tratamiento, sin mayor preocupación. Lambertini está convencido de que el hallazgo tendrá una implicación inmediata en la práctica clínica.

Este estudio se suma a otro avance importante para las pacientes jóvenes que desean ser madres: una investigación que demostró que las pacientes pueden pausar su tratamiento contra el cáncer durante un máximo de dos años para buscar el embarazo, sin que esto aumente el riesgo de recaída.