La guerra tecnológica entre Estados Unidos y China ha dado un giro significativo con la aprobación de una ley por el Senado de Estados Unidos que podría terminar con la presencia de TikTok, la popular aplicación de videos de la compañía china ByteDance, en el suelo estadounidense. La medida, que fue respaldada por 79 votos a favor y 18 en contra, es una parte de un paquete más amplio de ayuda a Israel, Ucrania y Taiwán y ha contado con un apoyo bipartidista sorprendentemente amplio.
Este nuevo movimiento de Estados Unidos en la creciente guerra tecnológica con China plantea una serie de preguntas clave. ¿Se prohibirá finalmente TikTok? ¿Por qué se persigue a esta aplicación? ¿Cómo reaccionará China a esta decisión? ¿Qué opinan los estadounidenses al respecto?
La nueva ley pone a ByteDance ante un ultimátum: la compañía tendrá que vender su negocio en Estados Unidos a una empresa estadounidense en el plazo de un año o enfrentarse a la prohibición de su aplicación en el país. Se espera que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ratifique esta amenaza en un discurso. Sin embargo, es muy probable que ByteDance lleve el caso a los tribunales.
La legislación proporciona a ByteDance un plazo de 270 días para vender TikTok a una empresa estadounidense, un plazo que comienza cuando Biden firma la ley. Si se realizan «avances significativos» en la transacción, Biden podrá extender el plazo 90 días más, lo que daría a la compañía china un margen de casi un año para cumplir con la ley.
Pero si ByteDance decide luchar contra la ley en los tribunales, podría abrir la puerta a una batalla legal «potencialmente larga», de acuerdo con The Washington Post. En cualquier caso, no se espera que haya una posible prohibición de la plataforma antes de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, que se celebrarán el próximo 5 de noviembre.
La posible prohibición de TikTok en Estados Unidos no es una idea nueva. Fue propuesta por primera vez en 2020 por el entonces presidente Donald Trump. Los políticos estadounidenses sostienen que la aplicación, propiedad de una empresa china, representa una amenaza para la seguridad nacional. Tanto los republicanos como los demócratas temen que el Partido Comunista Chino pueda utilizar TikTok como una herramienta de espionaje contra los ciudadanos de Estados Unidos, aunque hasta ahora no se han presentado evidencias que respalden estas afirmaciones.
También preocupa a los legisladores el poder de influencia de TikTok. Más de 170 millones de usuarios utilizan la aplicación para entretenerse e informarse, lo que pone en jaque los intentos de Washington de controlar ciertas narrativas. Esta preocupación se intensificó cuando se detectó que, en medio de la escalada militar en Gaza, el contenido favorable a Palestina tenía un alcance e impacto mucho mayor que el contenido favorable a Israel.
ByteDance ha intentado reducir la tensión asegurando que los datos de los usuarios estadounidenses se almacenan en Virginia y en Singapur, lejos de Pekín. Sin embargo, estas medidas no han logrado cambiar la opinión de los políticos. Además, los escándalos de espionaje a periodistas han contribuido a fortalecer la posición contraria a TikTok.
Estados Unidos es el principal mercado mundial de TikTok (fuera de China, donde la aplicación opera bajo el nombre de Douyin). Su «gran negocio» y su poder de influencia hacen de la plataforma un objetivo especialmente atractivo para las grandes fortunas estadounidenses. La empresa tecnológica Oracle fue la mejor posicionada para adquirirla en 2020. Ahora, ha surgido otro interesado: Steven Mnunchin, exsecretario del Tesoro durante la presidencia de Trump, que está reuniendo inversores para lanzar una propuesta de compra.
Sin embargo, los expertos consideran que una venta es poco probable, principalmente debido a que esta operación costaría decenas de miles de millones de dólares, una cantidad de dinero al alcance de muy pocas empresas. Aquellas que podrían permitirse comprar TikTok, como Microsoft, Google o Meta, son demasiado grandes y probablemente enfrentarían obstáculos regulatorios por parte de los organismos antimonopolio.
El gobierno del presidente chino Xi Jinping ha expresado su firme oposición tanto a una venta forzada de TikTok como a su posible prohibición. Para Pekín, el ultimátum de Estados Unidos es «injusto» y un «acto de intimidación» que se asemeja a la lógica de un «bandido» y que «eventualmente se volverá en contra» de Washington. En marzo, la portavoz del Ministerio de Comercio, Shu Jueting, afirmó que la medida «dañaría gravemente la confianza de los inversores de todo el mundo, incluida China, para invertir en Estados Unidos».
La medida ha causado cierto malestar entre los 170 millones de usuarios estadounidenses de TikTok. El director ejecutivo de ByteDance, Shou Zi Chew, ha animado a los usuarios a protestar. Una posible prohibición podría perjudicar a los más de siete millones de negocios que venden productos a través de la plataforma, según ByteDance. La compañía sostiene que la amenaza de Washington es una violación de la libertad de expresión.
Esta hipótesis es respaldada también por varias organizaciones de la sociedad civil. Grupos en defensa de los derechos digitales han denunciado que la ley no es más que un golpe político contra China y no una defensa de la privacidad de los ciudadanos, ya que TikTok recopila y explota la misma cantidad de datos de los usuarios (o incluso menos) que plataformas estadounidenses como Facebook, Youtube o Instagram.
