combo de Gúndogan / Araujo

El fútbol es una actividad que puede unificar a las personas, pero también puede dividirlas. En el caso del FC Barcelona, uno de los clubes más volcánicos por excelencia, las derrotas suelen desnudar y dividir al equipo. Cada jugador digiere la derrota a su manera, y no hay un mensaje común para afrontarlo. En su lugar, cada uno busca su coartada.

La reciente derrota ante el PSG dejó a un Xavi furioso con el árbitro y a un sincero Gündogan, que reiteró su análisis autocrítico de un Barça tierno. Esto desató la respuesta calculada de Araujo, que puso de manifiesto la división que sacude al grupo. Un grupo al que el entrenador suele referir siempre como «una familia».

Todo comenzó con el momento en que Barcola, el delantero del PSG, aprovechó una mala salida del balón en una jugada iniciada por el central uruguayo Araujo para dirigirse hacia la portería de Ter Stegen. Entonces, con 1-0 en el marcador (m. 29), Araujo tomó una mala decisión al tocar el cuerpo del rival, hecho que fue verbalizado por Gündogan en el origen del conflicto.

Gündogan ha argumentado que «en estos momentos tan cruciales tienes que estar seguro de si vas a tocar el balón». Prefirió darle a su portero la oportunidad de salvar el gol o, incluso, hasta de conceder un gol, porque quedarse con un jugador menos tan pronto puede matar el partido. Araujo, por su parte, ha defendido su acción diciendo que la jugada fue fortuita y que era una decisión 50-50. Si el árbitro pita falta, tiene que expulsarlo, si no la pita, no pasa nada.

Araujo ha presentado su versión de los hechos en la presentación del libro ‘Relatos Solidarios del Deporte’. En su intervención se evidenció el malestar que sintió al leer y ver lo que había dicho su compañero, coincidiendo, además, con uno de los momentos más tristes en el Barça con una tarjeta roja que jamás olvidará.

El vestuario del Barça, liderado por Xavi, tiene nuevas jerarquías con Sergi Roberto como primer capitán, escoltado por Ter Stegen, Frenkie de Jong y, precisamente, Araujo. Sin embargo, hay jugadores como Lewandowski o el propio Gündogan que, aunque no tienen ese reconocimiento formal, ejercen una notable influencia avalados por su experiencia.

Gündogan, que no vino a Barcelona de vacaciones (llegó con el triplete de Manchester y se puede quedar en blanco) no se calla lo que piensa, guste o disguste. Araujo, tampoco. A Xavi, en sus últimos meses como técnico del Barça, le toca tapar de forma urgente esa fractura familiar con autoridad.