Dani Benítez: De la gloria al ocaso, un relato de autodestrucción y redención
Cuando Dani Benítez, nacido el 7 de abril de 1987 en Lloseta, Palma, llegó al Granada de Segunda B en el verano de 2009, nadie podía prever el meteórico ascenso que le aguardaba. En tan solo dos años, el equipo subió a Primera, una categoría que no pisaba desde hacía 35 años, en gran parte gracias a los goles y asistencias de Benítez. Su estilo de extremo de la vieja escuela llamó la atención incluso de Guardiola, entrenador del Barça en aquel entonces. Sin embargo, tras el fulgor del estrellato, la vida de Benítez se hundió en una espiral de autodestrucción que acabó con su carrera en la élite a los 26 años, tras recibir una sanción de 24 meses por consumo de cocaína.
En su biografía ‘Mi historia la cuento yo’ (Aliar Ediciones), escrita por el periodista Héctor García tras un año de intenso trabajo con Benítez, el futbolista desvela las miserias y la rebeldía que se escondían tras su imparable ascenso. «Después de terminar de escribir mi historia, la gente seguirá opinando sobre mí», dice Benítez. «Pero lo harán tras conocer mi vida a través de mis palabras. No de comentarios de otros, ni de titulares en la prensa. Así podrán juzgarme realmente cómo soy».
Benítez creció en Lloseta, un pequeño pueblo de Palma, en una familia de trabajadores humildes. Su padre, malagueño, había llegado a la isla para trabajar en el turismo, mientras que su madre, nacida en Lloseta, trabajaba en la hostelería. A pesar de ser un buen estudiante, Benítez abandonó la escuela a los 16 años para perseguir su sueño de ser futbolista.
Una de las sombras que ensombrecían su vida era su complicada relación con su padre, un hombre estricto y severo. «Mi padre no es que sea una mala persona, pero él siempre ha sido muy estricto», confiesa Benítez. «Si decía rojo, era rojo. Y no podía ser naranja u otro color». Esta relación tensa, junto con la temprana muerte de su madre por cáncer, fueron factores determinantes en su descenso a un pozo de autodestrucción.
A la vez que se iba convirtiendo en una estrella del fútbol, Benítez también empezó a hacerse famoso fuera del campo por sus excesos. «Era una bola que se iba haciendo cada vez más grande y más grande, y al final tenía que explotar», admite. Su adicción al alcohol y la cocaína, junto con su propensión a gastar más dinero del que ganaba, le llevaron a una espiral de autodestrucción que acabó con su carrera en la élite del fútbol.
Después de dar positivo en un control antidoping por consumo de cocaína en 2014, Benítez fue sancionado con dos años de suspensión y su contrato con el Granada fue rescindido. Tras su sanción, el futbolista se mudó a Mallorca, donde vivió un periodo de seis meses en el que admite haber consumido «bastante cocaína».
A pesar de los oscuros años que siguieron a su sanción, Benítez logró salir adelante y retomar su vida. Actualmente, sigue jugando al fútbol en el Arenas de Armilla, un equipo de Tercera RFEF en Granada, y trabaja como director comercial en Agrobeta, una empresa de fertilizantes y abonos ecológicos y de cannabis.
En su biografía, Benítez se muestra como un hombre arrepentido y dispuesto a enmendar sus errores. «Solo espero que no me machaquen por ello, y sí que entiendan mis errores», dice. «Creo que este mundo necesita mejores personas y más amor. Y si este libro puede ayudar a conseguirlo, estaré orgulloso de ello».
‘Mi historia la cuento yo’ es un relato desgarrador y honesto de un hombre que alcanzó las más altas cotas de éxito para luego caer en los abismos más profundos. Sin embargo, también es un testimonio de superación y redención que demuestra que, incluso en los momentos más oscuros, siempre hay una luz al final del túnel.
