El veterano trabajador de Danone, José, ha sido testigo de la evolución de la empresa desde su inauguración en Parets del Vallès (Vallès Oriental), hace 41 años. Ahora, se enfrenta a la triste realidad de que la fábrica que abrió en 1983 está a punto de cerrar sus puertas. “Entré a trabajar con 18 años, en abril de 1983. Entonces los yogures todavía se vendían en farmacias y los recomendaban los médicos. Hasta que los supermercados vieron negocio y empezaron a venderlos», recuerda José.
El pasado 12 de enero, la dirección de Danone citó a sus 157 trabajadores para comunicarles la intención de cerrar la factoría. Román, otro empleado con 34 años en la empresa, relata cómo se les permitió pasar las Navidades antes de darles la noticia. La rabia que siente la plantilla tras el anuncio es evidente en los pegotes de pintura blanca que adornan la fachada de la sede de Danone.
El estupor entre los trabajadores fue total, ya que hasta ese momento los comentarios por parte de la dirección habían sido de orgullo por el trabajo bien hecho y los resultados. “Pocos días antes nos felicitaban, de hecho pensábamos que la reunión era para anunciarnos planes de inversión o de estrategia a medio plazo”, recuerda Verónica, que lleva 17 años en la línea de producción de Parets.
La dirección justificó el cierre con el término “racionalización industrial”. Los productos de Oikos, Alpro y Vitalínea, que hasta ahora se fabricaban en Parets, Danone los quiere derivar a la planta Aldaia (Valencia). “Hace dos días nos decían que éramos la quinta mejor fábrica de toda Europa», se queja Román.
Así ha empezado el proceso de cierre de una factoría icónica para la historia de esta multinacional, fundada en 1919 en el Raval de Barcelona. El nombre de Danone viene de ‘Danón’, el apelativo con el que el fundador de la empresa, Isaac Carrasso, llamaba a su hijo. Sin embargo, los trabajadores sienten que el desplazamiento de poder hacia la rama francesa de accionistas no ha beneficiado a los trabajadores catalanes.
El anuncio de cierre ha sido especialmente sorprendente ya que la planta de Parets no es obsoleta. A diferencia de otros cierres recientes de empresas icónicas en Catalunya, como Nissan, Danone ha estado invirtiendo en su factoría de 51.000 metros cuadrados. El año pasado culminó una inversión de 22,7 millones de euros para convertir su fábrica catalana en la única híbrida del grupo.
El futuro de los trabajadores sigue en el aire. Según fuentes sindicales, la primera oferta de la empresa ha sido indemnizaciones de 30 días por año trabajado, con tope de 18 mensualidades, y prejubilaciones a partir de los 58 años. Cuantías que entre la plantilla se califican de indignantes y que darán paso a un ‘toma y daca’ negociador que puede alargarse meses.
“A mí me jode más por los muchachos que por mí. Este octubre cumpliré 60 años y entre una cosa y la otra podré prejubilarme. Pero aquí queda mucha gente en la estacada», lamenta José. En medio de la incertidumbre, los trabajadores de Danone en Parets del Vallès se enfrentan a un futuro incierto, marcado por el cierre de la fábrica que ha sido su hogar durante décadas.
