Lamine Yamal y Nico Williams bailan en el duelo frente a Georgia.

Pasando la pelota: La historia de los futbolistas negros en el Athletic Club

El debate en torno a la raza y el fútbol ha sido objeto de acaloradas discusiones en el pasado reciente. En el foco de este debate se encontraba Jonás Ramalho, un jugador de fútbol profesional nacido en Barakaldo en 1993. Hijo de un angoleño y una vizcaína, Ramalho se convirtió en el primer futbolista negro en vestir la camiseta del Athletic Club.

«Había un debate sobre si podía jugar o no debido a mi raza», dice Ramalho. «La mayoría de la gente estaba de acuerdo, pero siempre hay un pequeño porcentaje que tiene que llevar la contraria. Decían que no podía jugar porque sería cambiar la filosofía de tantos años». Ramalho, sin embargo, se alegra de que ese debate se haya cerrado y que ahora sea normal que jugadores como los hermanos Williams jueguen en el Athletic Club.

El viaje de los Williams

Félix y María, los padres de Iñaki y Nico Williams, cruzaron el desierto para llegar a Europa, una travesía llena de dificultades y peligros. Incluso tuvieron que beber su propia orina para sobrevivir. Al llegar a territorio europeo, rompieron sus documentos de Ghana y afirmaron que venían de Liberia para solicitar asilo. Llegaron a Bilbao en 1994, y poco después nació Iñaki. La familia se instaló en Navarra antes de establecerse finalmente en Pamplona, donde nació Nico en 2002.

Nico descubrió su pasión por el fútbol en el colegio La Compasión Escolapios y se unió al Club Deportivo Pamplona. Mario Velaz, su primer entrenador, recuerda cómo Iñaki, el hermano mayor, siempre cuidaba de Nico. Velaz se comprometió a llevar y recoger a Nico para los entrenamientos, y recuerda que Nico era como un hijo más para él y su familia.

El amor por el fútbol

Nico siempre estaba en casa de Velaz, jugando a la PlayStation o participando en guerras de almohadas. Sin embargo, la vida en casa de los Williams no siempre fue fácil. A veces no había agua, comida o luz. Su madre trabajaba todo el día y su padre había emigrado a Londres para buscar trabajo.

Otro jugador que ha hecho historia en el fútbol español es Lamine Yamal, el futbolista más joven de la Eurocopa. Nacido en Esplugues de Llobregat en 2007, Yamal creció en los barrios de La Torreta y Rocafonda, en Mataró.

Un talento nato

Inocente Díez, coordinador del Club de Futbol La Torreta, recuerda a Yamal como un niño apasionado por el fútbol. «Era un loco de la pelota. Era especial, diferente. Algo fuera de lo normal en todos los sentidos, por su ansiedad por el balón y por su calidad», dice Díez. A pesar de su amor por el fútbol, Yamal también era conocido por su timidez.

Yamal finalmente fue fichado por el FC Barcelona en 2014, después de impresionar a los observadores durante una prueba. «Estabas ahí sentado y pensabas: ‘Ahora hará esto’. Pero era capaz de hacer algo diferente y sorprenderte», dice Jordi Roura, responsable de la cantera del Barça.

Los inicios en el Barça

Aureli Altimira, otro de los responsables de la cantera del Barça, recuerda a Yamal como un niño delgado con las piernas algo torcidas y las rodillas hacia dentro. A pesar de su apariencia, Yamal demostró su habilidad y determinación en el campo. «Como futbolista puede tener este aura de sobrado en algunos momentos, pero nunca hubo ningún problema», dice Altimira.

Yamal creció entre La Torreta y Rocafonda, un barrio de Mataró con un alto porcentaje de hogares con cinco o más miembros. La mayoría de los residentes del barrio son inmigrantes, y más del 25% de las personas de nacionalidad marroquí de Mataró viven en Rocafonda.

Un modelo a seguir

A pesar de las dificultades, Yamal se ha convertido en un modelo a seguir para muchos jóvenes del barrio. «El barrio está mejorando. Antes estaba destrozado. Es increíble cómo puede cambiar con un chaval», dice Abdul, un residente local. «Ahora los chavales han cambiado totalmente la forma de pensar y vivir. Todos quieren jugar al fútbol».

«Todo el mundo quiere ser como él»

Yamal ha inspirado a muchos jóvenes a seguir sus sueños y a alejarse de las calles. Cuando marcan un gol, hacen el 304, una celebración que Yamal ideó en referencia al código postal de su barrio. «Todos los que están aquí van en busca de este sueño: ser Lamine algún día», dice uno de los entrenadores del campus de verano de Rocafonda.

La historia de estos jugadores demuestra que el fútbol puede ser un camino hacia el éxito, independientemente de la raza o el origen socioeconómico. Y aunque todavía queda mucho camino por recorrer para lograr la igualdad racial en el deporte, jugadores como Ramalho, los hermanos Williams y Yamal están marcando el camino.