El Tour de Francia: un viaje por la historia y la innovación

En 1910, cuando los inventores del Tour decidieron llevar sus bicicletas por el Tourmalet, muchos los tildaron de locos. La carrera, que se creó en 1903, siempre ha buscado la innovación y un nuevo aliciente. Desde entonces, la prueba ha pasado por lugares a veces inciertos, ha atravesado fronteras, y ha comenzado desde el extranjero en numerosas ocasiones. Este año, por ejemplo, el punto de partida fue Florencia, y dentro de dos años será en Barcelona. Sin embargo, hasta ahora, nunca se había diseñado una etapa que incluyera tramos de tierra desde que se asfaltaron los caminos por los que los pioneros de la Grande Boucle ascendían los Pirineos.

Una etapa diferente: Troyes-Troyes

Si hay una etapa que se distingue de las demás en esta edición del Tour, es la que se disputa este domingo, Troyes-Troyes. Con casi 200 kilómetros de recorrido, esta etapa sería una más si no fuera por los caminos agrícolas que atraviesa. Un día que podría haberse definido en un esprint, como sucedió este sábado con el segundo triunfo del corredor eritreo Biniam Girmay, junto al Memorial Charles de Gaulle, se convierte en una prueba de resistencia y habilidad.

El desafío de la tierra y los adoquines

La etapa de Troyes-Troyes presenta un reto único para los corredores: 32,2 kilómetros sin asfalto. Algunos de estos tramos son en repecho, donde más de uno puede empezar a perder el Tour. Esta etapa dará paso a un día intenso, similar a la experiencia que suele ofrecer la prueba cada vez que se corre en la famosa París-Roubaix. En 2022, por ejemplo, la etapa de adoquines causó estragos en el equipo Jumbo, ahora Visma, donde ya corría Jonas Vingegaard. El caos se apoderó de la escuadra neerlandesa y Primoz Roglic se cayó, anunciando una retirada que se produjo en los Alpes.

El dominio de Pogacar y la aparición de nuevos competidores

En los 14 sectores de tierra de esta etapa, puede ocurrir de todo. Desde que se rompa la bici, como sucede a menudo en la París-Roubaix, hasta que un cambio de ritmo de algún favorito revolucione el Tour. Aquí es donde el nombre de Tadej Pogacar cobra especial relevancia. Pogacar ha ganado dos veces la Strade Bianche, la última vez en marzo de este año, cuando atacó a 81 kilómetros de la meta de Siena y llegó en solitario a la plaza del Campo con casi tres minutos de ventaja.

La habilidad y experiencia de Van Aert

Wout van Aert, que sabe lo que es ganar en Siena, será el ángel de la guarda de Vingegaard. Por su parte, Remco Evenepoel y Primoz Roglic deberán confiar en su inspiración, mientras que Carlos Rodríguez tendrá que seguir de cerca las ruedas de Tom Pidcock y Michal Kwiatkowski, ambos ganadores de la Strade Bianche.

Un día para la historia del Tour

Este domingo promete ser vibrante, único, sobresaliente, mágico y casi sobrenatural. Se trata de una nueva experiencia en el Tour, un día en el que Pogacar puede volver a mostrar su dominio, mientras la carrera descubre nuevas rutas más allá de la épica del Tourmalet.