Nico e Iñaki Williams celebran un gol ante el Atlético de Madrid.

En estos días de intensa discusión sobre la propuesta de la elitista Superliga, el fútbol vuelve a sus raíces con la diversidad y la meritocracia en la final de la Copa de este sábado. El torneo no contará con la participación de los gigantes Real Madrid y Barcelona, promotores de esta nueva competencia exclusiva. No estarán simplemente porque no se lo han ganado y en la Copa, al igual que en la Liga o en la Champions, no hay lugar para un formato clasista. El juego se gana en el campo, sin depender de la asignación arbitraria de privilegios por parte de los poderosos y adinerados.

La gran fiesta del fútbol en Sevilla será para Athletic y Mallorca, dos de los 28 equipos españoles que, al menos una vez, han competido en competencias europeas. Todos ellos lo hicieron por mérito propio, sin necesidad de los favores de una élite que distribuye beneficios a su antojo.

En Vizcaya y en Baleares no necesitan una Superliga para acentuar el fútbol como ese motor de emociones y depósito sentimental. A pesar de las dificultades para conseguir entradas y los costosos viajes a la capital andaluza, las hinchadas de ambos equipos han demostrado su apoyo incondicional. Se espera que asistan 70.000 seguidores del Athletic y 21.000 del Mallorca.

Para los «leones» y los «bermellones», no hay Superliga que pueda competir con la emoción de ganar esta Copa. Lo mismo puede decirse de las ligas nacionales de los anglosajones, donde equipos como Liverpool, Arsenal y City luchan con pasión y determinación. Incluso el Bayer Leverkusen, que está a punto de ganar su primera liga y un triplete, podría no ser considerado lo suficientemente atractivo para la Superliga en comparación con el encanto del Bayern Múnich.

En Sevilla, la final de la Copa es un gran evento para ambos equipos. El peculiar Athletic, con su única y distintiva esencia, es un pilar del fútbol español. Con 126 años de historia, un estadio fabuloso, un fuerte arraigo social y una cantera de jugadores propios, el Athletic no solo aspira a su 24º título de Copa, sino que tiene la mira puesta en la Champions. ¿Serían bienvenidos en la Superliga?

Enfrente, el Mallorca, un club con 108 años de historia que ha sido revitalizado por un grupo de inversores estadounidenses, incluidos los iconos de la NBA Steve Nash y Steve Kerr. El Mallorca, ganador de la Copa en 2003, ha demostrado que desde la modestia se puede competir por la Liga, la Recopa y dejar su huella en la Copa de Europa. Con un estadio reformado y 20.000 socios, ¿pasaría la prueba de la Superliga si ganara este sábado en La Cartuja?

Lo mismo puede preguntarse del jubiloso Girona. O del Bolonia que dirige Thiago Motta, cuarto en la Serie A. Y ¿qué pasa con el mítico Ajax, quinto en la liga holandesa, que quizás no llenaría medio Bernabéu? En todos estos casos, la debilidad se convierte en heroísmo, la esencia del fútbol que algunos quieren excluir de su patio exclusivo. El fútbol es de todos y para todos.

Es una pena que algunos no lo entiendan.