El grito de los agricultores se ha vuelto cada vez más fuerte en los últimos días. Su llamado es simple: igualdad de condiciones en el sector agroalimentario europeo. Con las normas y regulaciones actuales que favorecen a las importaciones de terceros países, los agricultores locales se encuentran en una situación desesperada, luchando por su supervivencia.
Los agricultores se quejan principalmente de las normas de juego impuestas por Bruselas, que en su opinión, les perjudican en lugar de protegerlos. Estas normas, argumentan, están asfixiando al sector agrícola, y están llevando a muchos agricultores y ganaderos a la bancarrota. En respuesta a esta problemática, han decidido movilizarse y salir a la calle para reivindicar sus derechos.
Theo Hernando, secretario general de la Asociación de Agricultores y Ganaderos de Canarias (Asaga), expresa su frustración con la actitud de Bruselas. Según Hernando, los productos importados de terceros países se rigen por unas reglas de juego totalmente diferentes a las de los productores locales. Estos productos a menudo son tratados con fitosanitarios y alimentación desautorizados en Europa, lo que los hace más baratos y, por lo tanto, más atractivos para los compradores.
Los agricultores y ganaderos locales, por otro lado, deben cumplir con requisitos medioambientales y de bienestar animal que se han impuesto en Europa. Estos requisitos, aunque necesarios para proteger la salud y seguridad de los consumidores y el medio ambiente, hacen que la producción local sea más costosa. Esta diferencia de costes favorece a las importaciones, haciendo que sea más rentable importar productos que producirlos localmente.
Además, los agricultores se quejan de la prohibición del uso de muchos pesticidas en Europa, mientras que países como Marruecos siguen utilizando estos productos. Algunos de estos productos prohibidos están incluso relacionados con la aparición de algunas enfermedades, y siguen llegando a nuestras mesas a través de las importaciones. Esta contradicción es vista por Hernando y otros agricultores como una señal de hipocresía por parte de Europa.
También se han producido situaciones similares en la ganadería, donde Europa ha sido muy rígida con los métodos vinculados a las hormonas y cuidados sanitarios de los animales. Mientras se están eliminando estas prácticas en Europa para garantizar la seguridad alimentaria, estas siguen utilizándose fuera de Europa.
La Ley de Bienestar Animal europea ha obligado a los ganaderos a hacer importantes inversiones para adaptar sus instalaciones a la nueva normativa. Sin embargo, este gasto no se exigió a los productores de terceros países, lo que ha aumentado aún más la disparidad entre los costes de producción local e importada.
Los agricultores también se quejan del uso de harinas para la alimentación de origen animal, prohibidas en Europa desde la crisis de las vacas locas, pero permitidas en países como Marruecos. Este tipo de alimentación, además de ser potencialmente peligrosa, permite que los animales engorden más rápidamente y a un coste más bajo.
Además de las cuestiones de seguridad alimentaria, medioambientales y de bienestar animal, los productores también protestan por la indiferencia de Europa hacia el respeto a las normativas sociolaborales por parte de terceros países. La falta de salario mínimo, seguridad social y prevención de riesgos laborales en estos países contribuye a la reducción de los costes de producción, lo que a su vez hace que sus productos sean más baratos.
Para poner fin a esta situación desigual, los productores piden que se aumenten los controles en la frontera con Marruecos para garantizar que los productos agrícolas importados cumplen con las normativas internas de la UE.
En medio de esta creciente tensión, el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, se reunirá con las principales organizaciones agrarias para buscar soluciones a los problemas que han llevado al sector a movilizarse. Sin embargo, hasta que no se tomen medidas significativas para abordar estas cuestiones, es probable que las protestas de los agricultores continúen.
