El presidente Pedro Sánchez junto a la vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero.

El panorama político español se encuentra en un punto delicado, con la tensión entre el Gobierno y Junts por la Ley de Amnistía en su punto más alto. Esta situación pone en duda la capacidad del líder del gobierno, Pedro Sánchez, para aprobar la primera ley de Presupuestos Generales del Estado de la legislatura actual.

En un giro inesperado, el proyecto de ley de amnistía ha sido rechazado en el Congreso por considerarse insuficiente. Ahora, Junts busca presionar al Gobierno para que vaya más allá con un nuevo texto que garantice la impunidad del exiliado político Carles Puigdemont y de aquellos acusados por el procés. Mientras tanto, el Gobierno parece dispuesto a permitir que el proyecto de ley de amnistía caiga en el olvido si Junts sigue presionando en la negociación.

La situación se asemeja a una partida de mus, en la que ambas partes podrían estar jugando a farol. Ni a Junts le conviene que se rompa la cuerda, ya que eso significaría el fin de cualquier tipo de amnistía, ni al Gobierno le interesa perder el apoyo de los siete diputados de Junts que Pedro Sánchez necesita para avanzar con cualquier propuesta en el Congreso. Por lo tanto, no sería sorprendente que, ‘in extremis’, se encuentre una solución mágica.

Mientras tanto, la intención del Gobierno de aprobar un nuevo presupuesto para 2024 continúa acumulando retrasos. El año comenzó con un presupuesto prorrogado, el de 2023, y parece complicado que un proyecto de ley pueda ser finalmente aprobado por el Parlamento antes de que termine mayo. Sin embargo, no sería el presupuesto más tardío de la historia reciente. En 2018, el último presupuesto de la ‘era Rajoy’ fue publicado en el BOE del 3 de julio, ya con un gobierno socialista al mando.

Con la partida de mus en curso, el Gobierno ya ha insinuado que podría no presentar el presupuesto si no cuenta con las garantías de Junts para sacarlo adelante. La economía y las políticas públicas pueden seguir avanzando con un presupuesto prorrogado y con algunos decretos que aborden los asuntos más urgentes. ¿Quién se atrevería a votar ‘no’ en el Congreso a un decreto para subir el sueldo a los funcionarios? Sin embargo, que un Gobierno no sea capaz de aprobar ni sus primeros presupuestos, no parece ser la mejor forma de comenzar una legislatura.

La situación es crítica, y se espera que ambas partes hagan todo lo posible para llegar a un acuerdo que beneficie tanto a la política como a la economía del país. La aprobación de la ley de amnistía y del presupuesto son temas sensibles que, si no se manejan con cuidado, podrían llevar a la inestabilidad política y económica. Con el destino de la legislatura en sus manos, tanto el Gobierno como Junts tienen ante sí la responsabilidad de tomar decisiones que no solo afectarán a su propio futuro político, sino también al bienestar general de España.

Por Daniel