Ángel Jiménez Bonillo, el 'Arbitro de la paz', que ha erradicado los insultos en sus partidos.

En el mundo del fútbol juvenil, un hombre se ha ganado el respeto y la admiración de todos los que lo rodean: Ángel Jiménez, conocido como «el árbitro de la paz». En cada partido, este dedicado árbitro utiliza lo que él llama «el VAR de la honestidad», pidiendo a los jugadores que jueguen con integridad y corrijan cualquier error que puedan ver. No es sólo una cuestión de justicia en el juego, sino de enseñar valores y respeto.

Pero el trabajo de Jiménez no se limita a los jugadores. También se dirige a los padres, instándolos a apoyar y respetar a todos los involucrados en el juego. Su mantra para los espectadores es simple: «animar, animar y respetar». Con estas herramientas, ha logrado erradicar los insultos y las agresiones de sus partidos.

Además de su labor como árbitro, Jiménez es embajador de la Plataforma 090, un programa orientado a promover «cero violencia en 90 minutos», y profesor de secundaria y bachillerato en el Colegio de Maravillas en Benalmádena, Málaga. A través de su trabajo, ha sido testigo de primera mano de la creciente problemática de la violencia en el fútbol juvenil, un problema que ha llevado al Comité Técnico de Árbitros (CTA) a emitir múltiples comunicados denunciando la situación.

El CTA ha hecho recientemente un llamado de «auxilio» contra la violencia, tanto verbal como física, que los árbitros están sufriendo repetidamente, especialmente aquellos que son menores de edad o que trabajan en categorías no profesionales. Según el CTA, la persistente hostilidad y agresión están haciendo que sea casi imposible para los árbitros realizar su trabajo de manera efectiva.

El propio Jiménez ha experimentado su cuota de hostilidad y agresión durante su carrera como árbitro. Recuerda un incidente en 2006 en el que un espectador insistió en que tenía el derecho de insultarlo porque había pagado una entrada. A esto, Jiménez respondió que ningún precio de entrada puede justificar el pisoteo de la dignidad de una persona.

La violencia verbal en el fútbol puede ser especialmente dañina en el nivel modesto, donde los insultos no se pierden en la multitud, sino que se perciben de manera más directa y personal. En un partido particularmente difícil, Jiménez y sus colegas fueron objeto de insultos especialmente crueles después de haber estado involucrados casi en un accidente de coche antes del partido. A pesar de la gravedad de la situación, continuaron con el partido, una decisión que Jiménez atribuye a la normalización de la violencia en ese momento.

Desde entonces, Jiménez ha trabajado incansablemente para cambiar las normas de comportamiento en el fútbol juvenil. Ha desarrollado un protocolo que le ha permitido erradicar los insultos y las agresiones de sus partidos. El protocolo, que se basa en el comportamiento indebido, incluye avisos a los delegados de campo y a la policía en caso de agresión verbal, y la suspensión del partido si los insultos continúan.

A pesar de sus esfuerzos, Jiménez reconoce que aún queda mucho por hacer. A menudo se le conoce como el ‘Árbitro de la paz’, un título que, aunque se dice con respeto, refleja la singularidad de su enfoque en un deporte que todavía lucha con la violencia y el abuso. Su esperanza es que, con el tiempo, las actitudes cambien y el respeto se convierta en la norma, no en la excepción.

Jiménez sostiene que su protocolo podría ser útil incluso a nivel profesional, aunque admite que podría ser más difícil de implementar. Señala al tenis como un deporto que ha tenido éxito en controlar el comportamiento del público, a pesar de tener grandes audiencias. En última instancia, Jiménez cree que la única manera de erradicar la violencia del fútbol es a través de la firmeza y la determinación, enviando un mensaje claro de que no todo vale en el deporte.