Walter Mazzarri, sentado en el banquillo, aguarda a que empiece el Atalanta-Nápoles.

El fútbol italiano vuelve a ser el centro de atención, y esta vez no es por los logros deportivos de sus equipos. En medio de la preparación para el próximo enfrentamiento del miércoles contra el Barça, el Nápoles está experimentando cambios importantes en su estructura de liderazgo. Walter Mazzarri, el ya exentrenador del equipo, se encontraba dirigiendo uno de los entrenamientos finales cuando el presidente del club, Aurelio de Laurentiis, se reunía con su sucesor. Esta situación es un ejemplo más del funcionamiento particular de este club, que parece tener su propio estilo de hacer las cosas.

Mazzarri se despidió del centro de entrenamiento del Nápoles en Castel Volturno con un simple «Adiós muchachos, adiós a todos». Esta despedida tuvo lugar mientras el presidente De Laurentiis se reunía con Francesco Calzona, el técnico elegido para tomar el relevo. La reunión se celebró en un hotel del paseo marítimo de Nápoles, tal y como anunció el propio club el lunes por la noche.

Este será el tercer entrenador que el Nápoles presenta en la temporada. La decisión de De Laurentiis se debió a la constante caída del equipo, lo que le llevó a tomar una decisión drástica más en el club del que es propietario. De Laurentiis ya había despedido a Rudi Garcia, el sustituto de Spalletti, el técnico campeón, en noviembre.

Sin embargo, la contratación de Calzona, de 55 años, no ha sido tarea fácil. Calzona es el actual seleccionador de Eslovaquia y se espera que compagine ambas tareas hasta final de temporada. La participación del equipo eslovaco en la Eurocopa de este verano no ha sido un problema tan importante como los preparativos del parón de selecciones que habrá en marzo, cuando Eslovaquia se enfrente a Austria y Noruega en sendos amistosos.

Otra cuestión en la mesa de negociaciones ha sido la discusión sobre los ayudantes que acompañarán a Calzona en su regreso a Nápoles y los que continuarán con sus labores cotidianas en la selección. Calzona ya ha formado parte del Nápoles en el pasado, donde fue ayudante de Maurizio Sarri y de Luciano Spalletti. Su trabajo en Eslovaquia se le ofreció en parte gracias a los buenos informes de Marek Hamsik, exjugador del Nápoles durante 12 temporadas.

El encuentro entre Nápoles y Barça supone un enfrentamiento entre dos campeones venidos a menos. Ambos equipos se despidieron de la posibilidad de revalidar sus títulos antes de que concluyera el año en el que los ganaron. El Nápoles se encuentra en una situación peor que el Barça, al borde de no volver a Europa. Ni siquiera a la Europa League o la Conference League.

Por su parte, el Barça se encuentra en el tercer lugar y Xavi Hernández sigue en su puesto debido a su reputación y al respeto que le profesa Joan Laporta, el presidente del club. Laporta admitió que si el entrenador no hubiera sido Xavi ya lo habría despedido.

Al Nápoles se le marchó Spalletti, el genio que lo encumbró 33 años después del último Scudetto. El entrenador alegó que deseaba tomarse un año sabático tras la pasada campaña, pero en agosto asumió el puesto de seleccionador italiano.

El Nápoles se encuentra en la novena posición de la tabla, con 36 puntos, a nueve de la última plaza de la Champions y de la Europa League, ocupadas actualmente por el Atalanta y el Bolonia, respectivamente. El objetivo del cambio de entrenador es impulsar al equipo a las posiciones que dan acceso a Europa con sólo 14 jornadas de liga por delante.

Primero, De Laurentiis despidió a Garcia, quien sólo duró cuatro meses en el cargo. Tras una derrota en casa contra el Empoli, el presidente decidió despedirlo. García ganó 8 de los 16 partidos que dirigió. Mazzarri, por su parte, dirigió un partido más (17), pero sólo obtuvo seis victorias, fue expulsado de la Coppa y quedó subcampeón de la Supercopa tras perder contra el Inter. Su anterior etapa en el Nápoles había sido mucho más exitosa, al conquistar la Coppa en 2012 y clasificar al equipo en segunda posición en la liga al año siguiente.