Las profundidades abisales y zonas más remotas del océano, no están a salvo de los efectos nocivos de las actividades humanas. No importa cuán escondidos y aislados se encuentren, animales marinos como los zifios, una familia de ballenas que habitan en alta mar y que realizan inmersiones hasta 1.400 metros de profundidad, se enfrentan a amenazas como el cambio climático, la pesca industrial, las perturbaciones acústicas, los choques con embarcaciones y la contaminación.
Estos animales son algunos de los más desconocidos del planeta, debido a su biología críptica y ubicación remota, lo que ha dificultado la observación científica directa. Sin embargo, un estudio reciente del Instituto Bedford de Oceanografía, Pesca y Océanos de Canadá, publicado en la revista ‘Royal Society Open Science’, revela que todas las especies de zifios se ven afectadas por múltiples factores estresantes. Entre las amenazas más comunes se encuentran el cambio climático, los enredos y la contaminación plástica.
El estudio identifica un total de 14 amenazas provocadas por el ser humano a las que se enfrentan las 24 especies de zifios. Esto demuestra que ningún animal, por muy esquivo y remoto que sea, puede evitar las presiones humanas.
Comprender estos factores estresantes y cómo afectan a los zifios es fundamental para desarrollar estrategias prácticas de mitigación y para entender mejor los impactos antropogénicos en especies marinas raras y esquivas.
El estudio resalta varias amenazas principales. La primera es el cambio climático, que está alterando drásticamente los ecosistemas marinos y afectando a 22 especies de zifios. La caza de ballenas es otro factor de riesgo grave, ya que ha alterado los ecosistemas marinos y la estructura social de las poblaciones de zifios.
El ruido antropogénico es otra amenaza significativa. Los zifios dependen del sonido para funciones vitales como la búsqueda de presas, la comunicación y la detección de su entorno. Actividades humanas como el tráfico de buques, las operaciones de petróleo y gas, los ejercicios militares, los aviones de bajo nivel, la construcción y las tecnologías acústicas marinas, contribuyen significativamente al ruido del océano.
Las interacciones pesqueras y los choques con embarcaciones también son una amenaza grave para los zifios. Los zifios se ven a menudo atrapados accidentalmente en artes de pesca y alteran su comportamiento natural de búsqueda de alimento en respuesta a la actividad pesquera.
La contaminación es otra de las mayores amenazas para los zifios. Los contaminantes orgánicos persistentes, sustancias químicas tóxicas y duraderas que se acumulan en los tejidos grasos de los animales, y los metales pesados, presentes en niveles naturales bajos en el medio marino, pueden volverse tóxicos debido a concentraciones elevadas de fuentes antropogénicas.
El plástico es uno de los grandes males de la actualidad, y los zifios, pese a vivir en zonas remotas, no se libran de él. El consumo de plástico y microplásticos puede provocar obstrucciones digestivas, perforaciones, problemas nutricionales, infecciones e inanición.
Los derrames de petróleo también representan un gran riesgo para los zifios. Aunque se han realizado pocos estudios sobre los efectos de los pequeños derrames, se sabe que al menos cuatro especies de zifios se han visto afectadas por grandes derrames de petróleo en su hábitat.
Otros factores de riesgo potenciales que requieren más investigación incluyen la minería en aguas profundas, la expansión de las pesquerías mesopelágicas, la generación de energía marina, las actividades industriales en alta mar y las tecnologías acústicas no reguladas.
«El alcance omnipresente de la influencia antropogénica, particularmente los plásticos en un número tremendamente grande de especies, sugiere que prácticamente ninguna zona de los océanos del mundo está libre de la actividad humana«, señala la bióloga marina Laura Ferrer, autora principal del estudio.
