Sanitarios atienden a un paciente ingresado en una unidad de cuidados intensivos.

La crisis climática que se está produciendo a nivel mundial no solo tiene repercusiones medioambientales, sino que también refleja un impacto significativo en la salud humana. En concreto, los veranos cada vez más cálidos en España, acompañados de olas de calor cada vez más frecuentes, están teniendo consecuencias directas sobre la población, tal y como señalan numerosos estudios científicos.

Los extremos de calor han provocado un aumento en los ingresos hospitalarios en todo el país en la última década, especialmente entre los niños menores de un año y las personas de más de 85 años. En ciudades como Barcelona y Madrid, se ha registrado un incremento de los ingresos hospitalarios del 13,5% y del 9,5% respectivamente. En regiones como Zaragoza y Guipúzcoa, el número de ingresos aumenta por encima del 16% durante los meses de calor.

El calor extremo supone un riesgo notable para la salud humana. Por un lado, aumenta el peligro de sufrir golpes de calor. Pero, quizás más preocupante, es su capacidad de actuar como acelerador de enfermedades preexistentes. El análisis publicado por ISGlobal revela que el conjunto de ingresos por todo tipo de enfermedades aumenta en torno a un 10% durante los meses de calor extremo.

Las enfermedades que más se agravan con las altas temperaturas son los trastornos endocrinos y metabólicos, que registran un 52,5% más de ingresos, y los derivados de la obesidad, cuya incidencia se dispara un 97,8%. Este fenómeno podría deberse a la dificultad que tienen las personas con obesidad para regular su temperatura corporal, ya que la grasa actúa como aislante. Pero este no es el único caso.

Los ingresos por insuficiencia renal aumentan un 77,7% en los veranos de temperaturas extremas. Las hospitalizaciones por infecciones urinarias se incrementan un 74,6%. Las infecciones por sepsis, que en los casos más graves pueden resultar mortales, suben un 54,3% en los meses de calor.

Además, los casos de intoxicación tanto por fármacos como por otras sustancias no medicinales aumentan un 47% cuando los termómetros marcan valores extremos. Las enfermedades respiratorias y los cuadros más graves de bronquitis suben entre un 27% y un 31%. Y los ingresos hospitalarios por trastornos mentales y del comportamiento, ya sea por esquizofrenia o por depresión, se incrementan alrededor de un 28% en condiciones de calor extremo.

Aunque aún se desconoce cómo el calor puede desencadenar resultados tan adversos para la salud, los expertos sugieren que está relacionado con la forma en que nuestro propio cuerpo regula su temperatura. Algunos estudios indican que, cuando los termómetros superan un cierto umbral de calor extremo, nuestros cuerpos entran en una especie de «estado crítico» en el que se dispara el metabolismo y se activa todo el mecanismo para intentar reducir la temperatura interna.

El calor extremo afecta de forma diferente a hombres y mujeres. Según el estudio de ISGlobal, en colaboración con expertos del Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica (Inserm) de Francia, en los días más calurosos, los hombres tuvieron un mayor riesgo de hospitalización por lesiones, mientras que las mujeres fueron más afectadas por enfermedades parasitarias, endocrinas y metabólicas, respiratorias o urinarias.

Además, se ha alertado sobre el impacto del calor extremo en niños y ancianos. En el caso de los niños, la elevada actividad física, la falta de medidas de protección y las propias características metabólicas de la edad pueden exponerlos a un mayor riesgo de sufrir un golpe de calor. En el caso de los ancianos, preocupa la acumulación de enfermedades crónicas, el efecto de la medicación, la reducción de la propia capacidad de producir sudor o factores como la disminución de la sed, que aumenta el riesgo de deshidratación y de golpe de calor.

Finalmente, es crucial destacar que los peligros derivados del calor no solo se concentran durante los días de ola de calor, sino también durante los meses de verano en los que los termómetros marcan valores cada vez más altos y de forma sostenida en el tiempo. Es por ello que los sistemas de alerta temprana deben activarse no solo durante días de ola de calor, sino también durante periodos en que se registren temperaturas extremas de forma no persistente.