La increíble aventura de los balonmanistas españoles en el extranjero
La realidad puede superar a veces a la imaginación más creativa. La vida del profesional del balonmano, Miguel Sánchez-Migallón, es un ejemplo de ello. Su historia se desarrolla en la futurista Tokio, un escenario que a menudo se asocia más con el cine que con la vida real.
En julio de 2021, Sánchez-Migallón se encontraba en Kielce, una ciudad en la Polonia oriental, donde estaba aclimatándose para la pretemporada con su nuevo equipo. En un giro inesperado, una lesión de su compañero Viran Morros abrió una oportunidad para que Sánchez-Migallón fuera convocado para los Juegos Olímpicos.
Una travesía de 40 horas al sueño olímpico
El viaje que siguió fue una odisea de 40 horas, desde Kielce hasta Tokio, atravesando varias ciudades y superando numerosos desafíos. A pesar del cansancio y el jet lag, Sánchez-Migallón no dejó que nada le impidiera dar lo mejor de sí mismo en los juegos, contribuyendo a ganar una codiciada medalla de bronce olímpica.
Como Sánchez-Migallón, muchos otros integrantes de la selección española de balonmano han tenido que buscar oportunidades fuera de España. Jorge Maqueda, un jugador con ocho medallas en su haber, ha pasado una década jugando en el extranjero. Sus experiencias en clubes de Francia, Macedonia del Norte y Hungría han enriquecido su carrera profesional y su visión del mundo.
Ángel Montoro, campeón del mundo en 2013, es otro jugador que ha experimentado la vida en el extranjero. Jugó en varios equipos de Francia, Polonia y Suiza antes de regresar a España. Actualmente, juega en el Olympiakos de Grecia. Según Montoro, jugar en el extranjero es una oportunidad de aprendizaje invaluable. Te obliga a valerte por ti mismo y a enfrentarte a una nueva realidad donde no eres conocido y eres uno más.
El valor de la experiencia internacional
Gonzalo Pérez de Vargas, portero y capitán del Barça, también habla con cariño de su experiencia en el extranjero. Su temporada en Toulouse, Francia, fue una época de crecimiento personal y profesional. La presencia de otros españoles en el vestuario, dice, siempre es útil, especialmente para las actividades fuera del campo.
En algunos casos, son los propios españoles quienes atraen a sus compatriotas al extranjero. El entrenador Talant Dujshebaev reclutó a Sánchez-Migallón para su equipo en Polonia, una oportunidad que este último no podía rechazar. Aunque el polaco es un idioma desafiante, Sánchez-Migallón se ha adaptado bien y está disfrutando de su tiempo en Polonia.
El balonmano es un deporte que goza de gran popularidad en ciertos países del extranjero. En Polonia, por ejemplo, Sánchez-Migallón habla de la pasión de los lugareños por el balonmano. Montoro recuerda con emoción la intensa rivalidad entre los equipos de balonmano polacos. Según Maqueda, la cultura de Macedonia del Norte le recordaba a la de España, con su amor por la vida al aire libre y los encuentros con amigos.
En términos de logros deportivos, jugar en el extranjero también puede ser muy gratificante. Maqueda ganó la Champions League con el equipo macedonio Vardar en 2017. También compitió este año en la ‘final four’ con el Veszprém húngaro. Sánchez-Migallón, por su parte, llegó a la final de la Champions con su equipo polaco, una experiencia que describe como un gran salto en su carrera.
El deseo de muchos jugadores, sin embargo, es que la liga española de balonmano pueda fortalecerse y ofrecer más oportunidades a los jugadores locales. Pérez de Vargas, por ejemplo, lamenta que muchos jóvenes jugadores tengan que irse al extranjero para desarrollar sus carreras. Propone incentivos para que las empresas inviertan en el deporte, utilizando el modelo alemán, donde la mayoría de los ingresos de los clubes provienen de fuentes privadas y no dependen de las instituciones públicas.
La historia de estos balonmanistas españoles en el extranjero es un testimonio del espíritu aventurero y la determinación de superar los desafíos. Sus experiencias ilustran la importancia de la adaptabilidad y la resiliencia, dos cualidades cruciales para cualquier atleta, y nos recuerdan que a veces, la realidad puede superar a la ficción más imaginativa.
