Las cicatrices invisibles del bombardeo más letal de la Guerra Civil
Juan Ortiz, un hombre cuyos recuerdos de la Guerra Civil Española se mantienen vívidos como si hubieran ocurrido ayer, ha estado reviviendo su aterradora experiencia en el Mercado Central de Alicante durante décadas. El 25 de mayo de 1938, Ortiz fue uno de los pocos supervivientes del bombardeo más letal de la guerra, una atrocidad que se llevó la vida de al menos 300 civiles.
A pesar de la magnitud de la tragedia, el bombardeo de Alicante ha sido en gran medida olvidado por la historia, eclipsado por otros eventos emblemáticos como el bombardeo de Guernica. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en Guernica, que fue inmortalizado en una obra de Picasso, la masacre de Alicante ha quedado relegada a la periferia de la memoria colectiva.
El bombardeo de Alicante fue uno de los ataques más mortíferos perpetrados por la aviación nazi durante la Guerra Civil Española. En una mañana de mayo, un enjambre de aviones descendió sobre la ciudad, arrojando bombas indiscriminadamente sobre la población civil. En cuestión de minutos, 300 vidas quedaron truncadas. Entre las víctimas se encontraba el padre de Ortiz, cuyo último acto fue instar a su hijo a correr hacia la seguridad.
La vida bajo asedio
Ortiz, que entonces contaba solo nueve años, vivía en una ciudad que había sido en gran medida ajena a los frentes de batalla. Sin embargo, a medida que la guerra se intensificaba, Alicante comenzó a recibir un flujo constante de refugiados. A esto se sumaban las movilizaciones militares y las crecientes dificultades para encontrar bienes de primera necesidad.
El primer ataque aéreo sobre la ciudad tuvo lugar en noviembre de 1936 y causó dos víctimas mortales. A partir de entonces, la frecuencia de los ataques aumentó. La vida en la ciudad se convirtió en una rutina de terror, con las sirenas de alarma sonando a diario y la población huyendo en desbandada hacia el extrarradio.
La tragedia olvidada
A pesar de la devastación que sufrió, Alicante no ha recibido la misma atención que otros lugares afectados por la guerra. Según el profesor Pedro Payá, coautor de La aviación fascista y el bombardeo del 25 de mayo de Alicante, existe una disparidad en la forma en que se han recordado y conmemorado los distintos actos de violencia durante el conflicto.
El bombardeo de Alicante no contó con una obra de arte que lo inmortalizara, ni con un esfuerzo concertado de las autoridades democráticas para esclarecer los hechos. En lugar de ello, la tragedia ha caído en el olvido, una cicatriz oculta en la memoria colectiva de España.
Sin embargo, para personas como Ortiz, los recuerdos del bombardeo siguen siendo tan nítidos como siempre. Cada mañana, se dirige a la misma plaza donde sobrevivió al ataque, una especie de ritual masoquista que le recuerda constantemente la brutalidad de la guerra. A pesar de las cicatrices físicas y emocionales que lleva, Ortiz continúa hablando de su experiencia, un testimonio desgarrador de un evento que la historia ha olvidado en gran medida.
El bombardeo de Alicante es un recordatorio de las atrocidades de la guerra, y una lección sobre la importancia de recordar y aprender de nuestro pasado. A pesar de su ausencia en las páginas de los libros de historia, la historia de Ortiz y de las otras víctimas de Alicante merecen ser contadas y recordadas.
